“Misericordiosos como el Padre”

24 Febrero   410   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes’”.
Luego de las Bienaventuranzas, Jesús continúa con su discurso en el cual invita a una manera de vivir muy concreta: “Jesús plantea el prototipo de sociedad donde los criterios de convivencia no tienen nada que ver con conceptos como, por ejemplo: división, desigualdad, discriminación, privilegios. Su paradigma de sociedad está cimentado sobre el amor, la solidaridad, el compartir generoso, el perdón a los que nos ofenden, etcétera. Es decir, un modo totalmente nuevo y humanizador de cómo vivir” (La liturgia cotidiana. febrero 2019, pág. 66).
Nuestra preocupación permanente debe ser de comprensión de todas las situaciones humanas porque siempre tenemos entre las personas graves discrepancias que brotan de los diferentes contextos personales, familiares, sociales en los cuales hemos sido formados ya que ellos nos entregan a veces ideas erradas de lo que el otro hace o dice, porque no entendimos su lenguaje o no comprendemos su comportamiento.
Ha sido muy notorio en estos tiempos en los cuales han llegado tantos migrantes a nuestra región y seguramente hablamos de lo raro que son, o de las costumbres que tienen, e incluso lo “mañoso” que son para comer porque no aceptan nada de lo nuestro. En el diálogo, en la cercanía con nuestros hermanos nos daremos cuenta que son personas igual a todos y que tienen gustos, como nosotros también los tenemos. Una señora que conozco dice que la comida dulce es postre, en cambio para muchos otros países es normal dentro de su alimentación lo dulce o agridulce y los postres pueden ser salados.
Lo importante será tener la delicadeza de detener su caminar poniendo atención en su propia tarea para pensar y comprender la que tienen los otros. Seguramente su enojo en la fila de una oficina o un banco no será tan grande si supiera que ese funcionario cuidó toda la noche a su hijo enfermo; si supieran que tengo una lista larga de situaciones a las cuales responder antes que la suya.
El evangelio de Jesús responde a las grandes inquietudes humanas, pero estas inquietudes pasan por los pequeños detalles de cada día. La historia se hace con los pequeños gestos que repetidos van haciéndose tradición o cultura de un lugar cualquiera. El evangelio de Jesús no viene a imponerse sino a enriquecer lo humano. Viene a destacar o subrayar el bien que ya existe en toda sociedad y eso trae como consecuencia el abandono o el dejar atrás lo que humilla o denigra a cualquier persona.