Nacido de mujer

30 Diciembre 2018   449   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Desde tiempos inmemoriales los pueblos y culturas del mundo, según los territorios y climas habitados, descubrieron un sorprendente ritmo en el tiempo. Los calendarios se rigen según el ciclo de la luna o por el curso solar. Los cambios periódicos de las estaciones, invierno a primavera, verano a otoño, dan origen a sucesivas fiestas religiosas arraigadas en tribus primitivas. Cultos y ritos expresan ofrendas y agradecimientos a los dioses, así como las súplicas y rogativas para la fecundidad y la protección de la vida.
La tradición cristiana introdujo en el siglo V de nuestra era, la festividad de Santa María Madre de Dios. Celebra el primer día del año y manifiesta así la adquisición de la nueva consciencia histórica y temporal, ligada a la revelación de Jesucristo. El hombre Jesús, nacido de María de Nazaret, cuyo anuncio es del testimonio apostólico y las escrituras como “el Cristo”, hizo patente a la comunidad cristiana temprana, que en María se realiza un prodigio gozoso y misterio admirable: en su seno y por don del Espíritu Santo, la Virgen engendra en el tiempo al Hijo eterno y divino. La maternidad humana, vincula siempre a la persona de Jesús y por ello, la maternidad de María, es maternidad del Verbo encarnado, del “Dios-con-nosotros”. María es “Madre de Dios”, del Hijo eterno del Padre de los cielos.
Disputas acaloradas y extenuantes controversias de los padres y teólogos antiguos hicieron decantar esta realidad insólita gradualmente asimilada. Se trata de un contenido nuclear para la comunidad eclesial y la fe cristiana, madurado desde la memoria viva y fidelidad a los testigos evangélicos. Jesús de Nazaret, no es un ser divino que anulador de la condición humana. Jesús de Nazaret, es sencillamente “uno de tantos”, es el “nacido de mujer” y ha venido a la existencia terrena como todo hombre y mujer que nace de mujer…
¡El Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros!
Esta realidad única del Dios presente en el tiempo histórico y actual por la maternidad graciosa y divina de María, nos hacen ver los tiempos y la historia con otros ojos. En Cristo el designio de Dios es de amor y sabiduría; hemos nacido para acoger la llamada a la plenitud y salvación; para forjar la comunión el reino del amor que libera de todo mal, opresión y destrucción de la dignidad de hombres y mujeres. Dios se hizo uno de los nuestros, de carne y hueso, al ser hijo de María y convivir con nosotros, para divinizarnos. Con razón replica San Pablo: ¿Quién nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?