No cualquiera es educador de párvulos

26 Agosto   565   Opinión   María José Castro
Columnista Diario El Centro
María José Castro

Subsecretaria de Educación Parvularia

Hoy, nadie discute la importancia vital de la educación temprana, gracias a una contundente evidencia que así lo confirma. La inversión orientada a potenciar el desarrollo durante la primera infancia se traduce en un positivo retorno social, pues apuesta a reducir las desigualdades en su origen, a la vez que multiplica las oportunidades desde la base. Esta antesala explica que el programa de gobierno del presidente Sebastián Piñera impulse como una de sus prioridades, la educación parvularia.
No es indistinto enviar o no a los niños y niñas a salas cuna y jardines infantiles, como tampoco lo es la calidad del establecimiento al cual asistan.


¿Es indiferente la persona que asume la formación de los más pequeños en las salas cuna? ¿O, el educador que lidera el aula en nuestros jardines infantiles?
Si estamos conscientes del inmenso valor de lo que -literalmente- “se juega” en la primera infancia, tenemos que ser coherentes y salir en búsqueda de los mejores profesionales, atrayéndoles con programas de formación de calidad, becas que faciliten el acceso y remuneraciones que reconozcan el valor del trabajo que realizan.
Además, nuestras actuales políticas de infancia -programas vigentes y proyectos de ley en tramitación (Sala Cuna Universal y Ley de Equidad en Educación Parvularia)-, van a requerir para su implementación un número mayor de profesionales del área.
Respecto de los miles de educadores que actualmente se desempeñan en los establecimientos, es imperativo potenciarlos en su formación -continua e integral- y asegurarles un entorno laboral satisfactorio y con proyecciones. Un paso clave en ello es la entrada en vigencia de la Carrera Docente Parvularia, que ya terminó su primer proceso de postulación, lo que significa que en 2020 se habrán incorporado al sistema, más de 2 mil educadoras.


Nuestra invitación es a revertir el paradigma en aquellos que todavía no consideran necesaria o relevante la educación parvularia. El desarrollo de habilidades y aprendizajes es un proceso continuo en el ser humano que parte desde el nacimiento y se despliega de manera exponencial durante los primeros años de vida. Para que esto ocurra, es preciso que los profesionales que están con nuestros niños en esta primera etapa, implementando estrategias educativas pertinentes y eficaces, sean de excelencia. La vocación es fundamental pero no basta, para marcar la diferencia; se debe atraer y formar con exigencia a los mejores estudiantes, para que lleguen a ser los mejores profesionales. Por eso, no cualquiera es educador de párvulos.