No es Maduro

28 Febrero   399   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Que Nicolás Maduro resulta ser a estas alturas un personaje deleznable e indefendible, no es precisamente un gran descubrimiento. Las culturas políticas democráticas, de donde vastas fuerzas de izquierda en Chile optaron por no ser parte en esta cruzada por Venezuela, han rechazado con fuerza el actuar violento y dictatorial del sucesor de Hugo Chávez. Pero, la cuestión que debemos preguntarnos, es en mi opinión, si lo realmente preocupante hacia el futuro es la figura de Maduro en sí, o más bien, las ideas que están detrás de la denominada revolución “bolivariana”, esa que en palabras del propio Chávez se quiso llamar como el “Socialismo del siglo XXI”. Pues bien, resulta complejo para la conservación de cualquier régimen democrático la aparición de liderazgos como el de Maduro, pero lo que es aún más fuerte es lo relativo a la instauración de una serie de gobiernos socialistas en nuestra región (porque esto no solo ocurre en Venezuela), que han venido a instaurar una cultura de desfalcos fiscales, populismo como forma de operar políticamente, la no independencia de los poderes del estado, y por tanto, un rol exagerado de este último en el control de la vida de las comunidades. La nacionalización de recursos naturales y la mala administración de estos, así como el no respeto a las libertades individuales de cada ser humano, han tergiversado muy tristemente el ideal de gobiernos para los tiempos modernos en los que se suponen vivimos en América Latina, ello sumado a una conjunción de fuerzas de liderazgos de izquierda extrema, que en vez de encausar a los compañeros en el camino equivocado, persisten con estos para la consecución de malas e injustas políticas públicas, que condenan a sus propios pueblos a la miseria, la soledad y la falta de oportunidades.

Pasarán los años e importantes personeros de izquierda tendrán que explicar el porqué de sus acciones y de sus decisiones, las que, junto con acabar con vidas humanas, han ocasionado un daño irreversible para las futuras generaciones, las que tendrán que luchar para que en un futuro lejano, recuperen lo que alguna vez supieron ser. El socialismo moderno y sus magras consecuencias, el socialismo del siglo XXI, el que quemó la ayuda humanitaria para su propia gente. Ellos son.