No falta tema

13 Agosto   521   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

Recuerdo que hace años, cuando recién me iniciaba en el periodismo, me encontré una tarde con un comentarista mayor que yo en la redacción. Miraba desesperanzado una hoja de papel en blanco puesta en la máquina de escribir. “Llevo diez minutos y no se me ocurre un tema”, me confesó.


Hoy día, décadas después, el problema es otro: optar por un aspecto determinado a partir de la nutrida actualidad noticiosa, que desborda de hechos sangrientos, estimulantes, positivos o negativos. La exigencia es la misma de siempre: que sea de interés para el propio redactor y, por supuesto, para sus lectores. Las páginas (mejor dicho, las pantallas del computador) difícilmente se quedan en blanco en estos tiempos de comunicación electrónica a nivel planetario. Podemos elegir desde los juegos panamericanos de Lima a las últimas barbaridades que twittea el Presidente Trump; desde la ferocidad de un femicidio en Chile a las masacres racistas en Estados Unidos; desde la crisis del agua potable en Osorno a la sequía que amenaza a Ciudad del Cabo y buena parte del mundo. El ritmo es tan acelerado que ya nadie se acuerda de las noticias top de la semana pasada. Y, como es obvio, en los próximos siete días muchas de las angustian que hoy nos agobian serán solo historias rumbo al olvido.


¿Por qué nos preocupamos quienes hemos hecho de la comunicación la razón de nuestra existencia, de que la prensa y el periodismo tradicionales estén en peligro de extinción? ¿Por qué nos quejamos de que la siempre renovada parafernalia tecnológica sea más atractiva para el público que la información responsable, bien reporteada y, sobre todo, escrita con dedicación y cuidado?


¿Tiene sentido, como lo está haciendo la Academia Chilena de la Lengua, estudiar el fenómeno del “lenguaje inclusivo” para conjugar con éxito la corrección idiomática con las demandas sociales, especialmente las del movimiento feminista? Además de tratar de resolver de manera criteriosa el desafío del juego de todas, todos y todes, debemos estar conscientes de que vivimos asaltados por neologismos de todo tipo y, por supuesto, por una invasión de anglicismos, en su mayoría innecesarios.


Ya sabemos que el mayor desafío del periodismo en nuestro tiempo se origina en la inagotable innovación tecnológica. Pero las preguntas van mucho más allá: ¿seremos capaces de lograr que el uso de teléfonos, cada vez con más aplicaciones, los computadores y la televisión y las redes sociales, nos permitan vivir en una sociedad en la cual se cumpla la clásica aspiración de la Revolución Francesa: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”? En otras palabras, ¿nos damos cuenta de que el lento avance hacia la democracia, sobre todo en los dos últimos siglos, puede acabarse oor el mal uso de tantas herramientas de atractiva apariencia?


Hace un siglo la humanidad, tras la primera Guerra Mundial, creía -todavía- que esa guerra terminaría con todas las guerras. Nadie sabía que se nos vendrían encima una avalancha de calamidades: epidemias mundiales, crisis económicas, dictaduras de todos los signos y, finalmente, el horror del holocausto nuclear.


Hoy día no existe ese ingenuo optimismo. Necesitamos, en cambio, recuperar los valores permanentes que -en medio de tantas catástrofes- se han olvidado.
¡Buen tema para un comentario!