Sábado, 25 de Mayo de 2019

Opinión

No todos somos jueces…

José Luis Craig Meneses

Abogado, Magister en Criminología y Justicia Penal Defensor Regional de Maule.

La absurda y cruel muerte de Alan en Temuco, un niño de 13 años en manos de virtuales “justicieros ciudadanos” que estarían “vengando” una supuesta agresión sexual que habría provocado el menor a otra niña del sector es una muestra más de lo afectada y permeada que se encuentra nuestra sociedad por un discurso alarmista, falso, tendencioso y violento que aprovechándose del descontento global del ciudadano medio, y de la falta de educación abismal de gran parte de nuestros compatriotas ha generado tal vez más de lo tolerable respuesta auto compositivas inaceptables para un Estado de Derecho y un país pacífico como el nuestro.

Es alarmista quien señala que la justicia no funciona, que la policía y el Ministerio Público tampoco, porque eso no es así. Se hace el trabajo, se investiga y se pone a disposición a los supuestos culpables ante la justicia. Obviamente, todos querríamos más profesionalismo y eficacia, pero los mínimos están absolutamente garantizados. Es alarmista quien señala que los migrantes cometen más delitos que los connacionales, o que vienen a quitar el trabajo a los chilenos. Es alarmista quien dice que en Chile el delito ha crecido, pues las encuestas de victimización sostenidamente hablan de que esta ha bajado.

Es tendencioso señalar que para los pobres no hay justicia, ya que se ha trabajado en el acceso como prioridad en varios ámbitos de la gestión pública, tanto desde el punto de vista de los imputados con la Defensoría Penal Pública como estandarte, también desde la mirada de las víctimas se ha avanzado, con las Centros de Atención Integral a Víctimas de Delitos Violentos (CAVI) de las Corporaciones de Asistencia Judicial, y Fundaciones que trabajan bien el tema que se le había achacado a Alan como Amparo y Justicia entre otros.

Por último, es violento llamar a armarse y defenderse por sus propios medios a la población, formar comités de seguridad privados, o grupos de vengadores ciudadanos, ya que en el fondo estamos volviendo a un estado inferior de civilización que implica volver a aplicar la Ley del Talión, creyéndonos ser jueces y parte al mismo tiempo de un conflicto, en circunstancias que precisamente para evitar estos excesos decidimos entregar aquello a autoridades preparadas y objetivas, que resuelven los temas en cuestión luego de razonar y ponderar pruebas dentro del marco de un debido proceso y en un tiempo prudente, respetando las garantías de todos, y en caso de ser necesario aplicando las sanciones que la ley establece, no las que el sentimiento de venganza y crueldad nos invitan a aplicar apresuradamente y sin mayores elementos de juicio que un decir de la comunidad.

Situaciones como las de Alan nos deben avergonzar a todos, no sólo a los que tenemos formación jurídica, sino que a todos aquellos que alguna vez han enarbolado la bandera de la presunción de inocencia que en este caso era la adecuada, puesto que Alan no habría violado a nadie, tal vez nunca lo sabremos, ni siquiera en el marco de un juicio, puesto que cuatro personas que creyeron ser jueces se equivocaron al sentenciarlo a muerte en menos de 24 horas.  ¿Usted querría algo así para sí mismo? Estoy seguro que no.

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