Nunca se aprende

09 Mayo   316   Opinión   Diego Benavente M.
Columnista Diario El Centro Diego Benavente M.
Diego Benavente M.

Ingeniero civil, U. de Concepción

Hace 4 años en esta columna y hace 19 años comentábamos en otra de un diario regional, la evidencia de la cero planificación nacional para enfrentar las reiteradas catástrofes que afectan al país dada su especial geografía y malas costumbres de su gente y autoridades al permitir, entre otros que permanentemente se ocupen los lechos antiguos de ríos con poblaciones inorgánicas y campamentos o tomas. Las últimas tragedias del norte grande con ríos que han recogido lluvias equivalentes a lo que llueve en 10 u 8 años en un par de horas, los famosos “huaycos” o aluviones desérticos, producto del invierno boliviano, han sido y son una cruda y palpable muestra de aquello.
Lo mismo ha sucedido en el pasado con muchos ríos en el sur cuando los temporales hacen salirse a los ríos de madre, no se aprende nada de los errores del pasado, lo cual se demuestra al ver como se sigue construyendo “irresponsablemente en antiguas zonas de inundación por crecidas de ríos o quebradas”.
En una de las columnas citamos al geógrafo experto en desastres naturales y aluviones en zona desértica, Reinaldo Börgel, que desde 1949 viene estudiando sus comportamientos y variaciones, “como pasan 40 o 50 años sin lluvia, la gente va construyendo sus casas sobre el lecho del río. Olvidan que en cinco décadas ahí hubo un aluvión. No hay memoria colectiva. La ignorancia y especulación juegan un papel importante en este tipo de catástrofes”. Nuestra elite de autoridades de todo orden no puede darse el lujo de no tener memoria, en esto las instituciones deben funcionar y hacerlo significa aprender del pasado para no cometer los mismos errores una y otra vez.
Por ejemplo, considerar la construcción de badenes, una especie de puente en el lecho del río, como se utilizaba antiguamente en la zona norte. Estructuras, que también se usan en las zonas cordilleranas de países como Suiza, por ejemplo y, que son mucho más económicas que un puente y son de larga duración. Estas se prestan para el rápido despeje del barro y los escombros con posterioridad al aluvión, un puente o una batería de alcantarillas por el contrario se transforman en un obstáculo o dique que generalmente sucumbe a los embates del huayco, provocando un daño enorme en la carretera y en esta oportunidad cortando la comunicación terrestre por la principal ruta nacional, la Ruta 5 norte, por casi un día completo. Con todo lo que aquello significa para las ciudades de Arica e Iquique, por ejemplo, que, si se piensa en los efectos del cambio climático, lo más probable es que estos huaycos se repitan y con mayor frecuencia.
Hoy en día la información anticipada de los fenómenos climáticos, gracias a los satélites e internet, consiguen facilitar y preparar las tareas de evacuaciones, sin embargo, el diseño, respeto y actualización de los planes nacionales de riesgo debieran ser una herramienta de uso obligado para el trabajo de planificación preventiva de las autoridades regionales y locales. Así como también, para el diseño de la infraestructura acorde a cada realidad territorial local, por parte de las unidades públicas técnicas a cargo de estos temas, como Obras Públicas, Vialidad u Obras Hidráulicas, imponiéndose al centralismo técnico que muchas veces, poco y nada conoce de las realidades regionales.
Da mucha rabia tener que escribir lo mismo cada tantos años constatando que nunca se aprende, sin embargo, da mucha más rabia imaginar el sufrimiento y las pérdidas que sufren las poblaciones afectadas con cada una de estas catástrofes.