Oposicionismo desafiante.

15 Abril   427   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Más de alguno de aquellos que comiencen a leer, se confundirá porque no voy a referirme al trastorno que afecta a algunos niños, especialmente preescolares, sino a otra cosa, mucho más relacionado a la política que a la psicología infantil.

Pero, como breve ilustración, digamos que ese trastorno psicológico, que presentan algunos niños en su desarrollo evolutivo, se caracteriza por un comportamiento desobediente y desafiante ante la autoridad, generalmente paterna o escolar, y que puede ir desde meros episodios ocasionales, hasta conductas que permanecen años.
Quienes padecen este trastorno, dicen los psicólogos, se enfadan con frecuencia, pierden la paciencia y llegan a hacer rabietas. Además, discuten y desafían toda regla, provocan e importunan a quien sea que represente alguna autoridad, culpan a los demás de sus propios errores, aparecen siempre resentidos, caen en depresión, son irascibles y amurrados. Y si bien este trastorno es típico de niños menores de 8 años, también es cierto que algunos nunca lo superan, llegando hasta la vida adulta con estas actitudes.
Todo lo anterior me vino a la cabeza a propósito de la actitud de ciertas figuras de la oposición política de hoy, particularmente en el Congreso, y que han sido recurrentes a la hora de asumir su labor legislativa.
Atisbos de este trastorno se ha podido observar, por ejemplo, en la tramitación del proyecto de reforma tributaria, respecto del que algunos rechazaban desde la idea misma de legislar, evidenciando una actitud confrontacional, combativa, plena de agresividad y hasta vengativa. En un típico rasgo del trastorno señalado, ciertos parlamentarios y dirigentes políticos de extrema izquierda no querían ni oír hablar del tema, cerrándose por completo y oponiéndose antes siquiera de escuchar propuestas. El oposicionista desafiante se niega a todo lo que provenga de la autoridad, no negocia ni cede, se opone a todo y más.
¿Coincide conmigo el Lector en mi sospecha de que ciertos Diputados frenteamplistas nunca fueron correctamente diagnosticados de este trastorno? Aplíqueles los rasgos descritos y juzgue Ud. mismo. ¿No le parece que varios de los aludidos se amurran con demasiada frecuencia, desafían toda regla, por nimia que esta sea y asumen actitudes de provocación? ¿No es cierto que se pelean con los rivales, con los aliados y hasta entre ellos? ¿No es efectivo que manifiestan un desprecio y displicencia olímpica con las normas más elementales, desde reglas de tránsito, hasta disposiciones constitucionales? Se podrá argumentar en su defensa que muchos de ellos son relativamente jóvenes están recién aprendiendo el oficio y cultivan todavía el aire rebelde que queda tan bien en los años mozos. No obstante, algunos hace rato que dejaron la primera juventud y se acercan más bien a la tercera edad, por lo cual sería esperable que la vida y los años les hubieran enseñado que las diferencias se arreglan conversando, que en las controversias siempre hay puntos comunes y que los rebeldes sin causa al final se quedan solos.