Ovejas, pastores y fábulas semejantes

21 Mayo 2018   1098   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Seguramente porque el contexto geográfico en que discurren los evangelios estaba, en aquel tiempo, plagado de pastores y rebaños, las metáforas, más bien las parábolas, a las que recurren frecuentemente los evangelistas para hacerse entender fácilmente, siempre incluían ganado y ganaderos. De preferencia ovejas, mansas y buenas y pastores, siempre sabios y buenos.
Desde entonces, la Iglesia siempre ha recurrido a las fábulas, en especial aquellas protagonizadas por un pastor y muchas ovejas, para ilustrar su labor, explicar su mensaje y justificar su existencia. Las ovejas, mansas y aparentemente de pocas luces, necesitan de un guía, un pastor esclarecido, que las conduzca y les señale el buen camino, nos ha dicho siempre. Sin su pastor, el rebaño no sería más que un hato de ovinos sin rumbo y sin sentido, nos ha repetido hasta el cansancio. El pastor, el que les muestra el camino y las conduce al buen destino, es lo mejor que le podría pasar a las ovejas. Todo esto y, por cierto, mucho más, subyace en las fábulas a que la Iglesia ha recurrido por milenios.
¿Alguien, alguna vez, había cuestionado la autoridad del pastor? ¿Alguien había pedido revisar los antecedentes o estudiar la conducta del que se dice guía y luz de los rebaños? ¿Alguien preguntó a las ovejas si, en verdad, querían ser guiadas hacia el destino que el pastor determinaba? ¿Alguien escuchó, alguna vez, lo que las ovejas tenían que decir?
La crisis que se vive dentro de la Iglesia, no sólo chilena sino mundial, pese a la notoriedad de lo ocurrido aquí por estos días, obedece a una suerte de rebelión de los rebaños. Las ovejas se han atrevido a pararse frente al pastor, a denunciar su conducta abusiva y cuestionar su rol auto asignado. Las ovejas han dicho que no quieren la pompa, la soberbia y la altivez con que los pastores les reconvenían, censurando las pajas de ojos ajenos, negando las propias con descaro.
Y, pese a lo indignante de los abusos y al cinismo en la postura y discurso de los pastores, esta crisis va más allá de aquellos casos, por reiterados y perversos que hayan sido. En estos tiempos, turbulentos y revueltos, en los que algunos zarandean, cuestionan y revuelven los pilares sobre los que se ha construido nuestra sociedad, se echa en falta un conductor que aconseje, personifique valores y, erguido sobre su propia decencia y rectitud, haga frente a la asonada. Por eso, intuyo que las ovejas, el pueblo de Dios, sabe de sobra cuánto necesita de un pastor. En tiempos revueltos y confusos, más que nunca se requiere de un buen juicio y un buen guía. El rechazo, por lo tanto, no es la Iglesia en su conjunto, ni a la fe y a su refugio. Es repudio a la desvergüenza, a la impudicia y al cinismo de algunos, que ha manchado a los demás.
Y si toda fábula termina, siempre, con una enseñanza sabia, luminosa y ejemplar, esperamos que esta no sea la excepción. Y la crítica indignada de estos días logre, tras la purga necesaria, reconstruir el rebaño, buscar un buen pastor y conseguir que las ovejas vuelvan a creer, a confiar y a seguirle.