Para tener en cuenta

31 Enero   443   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

El pueblo de Venezuela, la comunidad internacional en gran medida, diversos actores políticos, sociales y culturales, así como también diferentes sectores de izquierda de otras latitudes del mundo, han suscrito y apoyado las gestiones del Diputado y líder de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, como Presidente encargado del país para así hacer frente al intento de la dictadura de Nicolás Maduro de perpetuarse en el poder. Cada día que pasa se transforma en una nueva pesadilla para los venezolanos que aún resisten en tierras llaneras, algunos para cuidar sus cosas, sus bienes, otros por miedo a emigrar en búsqueda de algo distinto, y uno que otro, que pueda ingenuamente conservar la ilusión de una recuperación pronta. En Chile, en tanto, y haciendo caso omiso al accionar de muchos de sus pares en el mundo, sectores mayoritarios de izquierda no sólo han condenado muy timoratamente los hechos acaecidos bajo el régimen de Maduro, sino que, en varios otros casos, han intentado justificar implícitamente las acciones perpetradas por las ideas socialistas llevadas al extremo, por ese culpable de décadas y décadas, lo que ellos llaman el “imperialismo” de Estados Unidos y sus países aliados. Nada más lejano a la verdad. Es más, el propio gobierno norteamericano retrasó ampliamente la sanción que recién aplicará ahora en contra de la petrolera estatal PDVSA, lo que, según expertos en materia económica, terminaría por liquidar cualquier intento de financiamiento y levantamiento de recursos por parte del gobierno socialista.
En paralelo, los problemas de la inflación, el desabastecimiento generalizado de la población, los altos índices de inseguridad, la represión de las fuerzas de orden, o la misma ausencia de garantías constitucionales elementales como la libertad de prensa sufrida por periodistas chilenos, terminan por hacer lo suyo, hundiendo cada segundo más a un barco sin timón y con fecha clara de naufragio permanente, el que solo se ha dedicado en los últimos años, a violar su propia Constitución para gobernar sin contrapesos posibles.
Dentro de este esquema, no parece razonable el comportamiento político de fuerzas como el Frente Amplio y sectores de la ex Nueva Mayoría, quienes, en lugar de al menos comprender el clamor popular de libertad y justicia, han venido a legitimar a un régimen fascista que solo empobrece y hace infeliz a su propia ciudadanía.
Todo lo anterior, sitúa a la izquierda chilena en una muy delicada situación, sobre todo cuando en su discurso público han continuado con la idea de una falsa superioridad moral en ámbito de derechos humanos, en la que sólo ellos pueden venir y juzgar a quienes supuestamente transgreden dichas prerrogativas fundamentales de la persona humana.
Para tener en cuenta este comportamiento, y castigar electoralmente a quienes sean cómplices y sujetos activos de la barbarie, la miseria y el asesinato de seres humanos por el solo hecho de pensar distinto. No deje de tenerlo en consideración.