Patrimonio y sensibilidad

26 Mayo   367   Opinión   Horacio Hernández Anguita
Columnista Diario El Centro
Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Independiente del concepto que se tenga sobre el patrimonio, enriquecido en matices y variantes durante los últimos años, es innegable que, junto a su compresión teórica, existe siempre en el sujeto y comunidad que lo descubren, una sensibilidad especial, valorativa o estimativa de los bienes culturales.
Ya sea una edificación que sorprende, o una pintura que cautive o, en fin, expresiones artesanales originarias y fiestas que conmueven, evidencian que el patrimonio en tales casos, tiene significación trascendente, porque la comunidad los reconoce, otorgándoles contenido y valor. Tanto los objetos patrimoniales tangibles -desde monumentos a sitios o bienes muebles, como los bienes “intangibles”, sean las danzas, los cantos, o saberes ancestrales-, en su conjunto dan cuenta de una estimación, de la afectividad implicada en la realidad simbólica considerada patrimonio, sea por su carácter histórico, de significación social, valía estética o de la materialidad configurada.
Lo que deseo decir, es que las personas y las comunidades que aprecian el patrimonio, manifiestan una sensibilidad humana delicada, que los predispone a reconocer, respetar, estudiar y trabajar por los bienes culturales.
Esta sensibilidad es una conciencia fina, que tiene una mirada y afecto singular sobre las cosas, los seres y la vida. Sensibilidad que se resiste al frío pensar geométrico, calculador y funcional, donde la dimensión gratuita y libre, personalizadora, es sofocada hasta anularla y convertirla, entonces, en degradada masificación. Por fortuna, en forma creciente, esta sensibilidad personal y comunitaria por el patrimonio irrumpe actualmente, en contraste y a veces en abierta protesta, a la mentalidad niveladora, cuantificadora y exitista, que impera en amplios campos de la vida social, económica y política.
Cuando alguien se detiene ante un sitio u objeto que rememora la gesta y labor de generaciones precedentes, revela que no va por la existencia indolente al sacrificio y entrega de quienes abrieron ruta y legaron verdaderos tesoros de saber y arte, los que vale la pena preservar. Cuando eso ocurre, la sensibilidad abre a la experiencia humana más honda por vincularse a todas las formas de herencia, acogiéndolas como estímulo y desafío para un desarrollo integral.
La educación aquí tiene una misión insustituible: despertar desde la tierna infancia el gusto, la sensibilidad y aprecio por las obras de cultura, la memoria y los saberes. Una diligente y lúcida educación, hará descubrir a la patria como patrimonio. Eso implica veneración, respeto, cuidado, servicio y desarrollo.
El Día del Patrimonio Cultural permite cultivar esta sensibilidad, que hace más humano, justo y fraterno el habitar en nuestro país, Chile.