Peligrosa ofuscación

20 Mayo   392   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

Como muchas palabras en castellano, “ofuscación” no figura oficialmente en el diccionario, pero tiene existencia real. Por algo el diputado de RN René Manuel García la usó al tratar de explicar su día de furia en el Congreso. Es “el estado de la persona que sufre una pérdida pasajera del entendimiento y de la capacidad de razonar o de darse cuenta con claridad de las cosas”.
Puede ser, pero no justifica la agresión verbal a dos colegas de la Cámara y física a un periodista acreditado. Tampoco es justificable su grave desconocimiento de la función del periodismo.
El “patadón”, más propio de una pelea de barras bravas, lo sufrió Kevin Felgueras, periodista de ADN Radio. Víctimas de los excesos verbales del diputado fueron las diputadas Carmen Hertz y Andrea Parra. Según el PC “fueron atacadas (…) con declaraciones violentas y sexistas que son intolerables en nuestra sociedad”.
El PPD repudió las palabras de García contra Parra, acusándolo de recurrir a “un discurso machista y patriarcal, aún instalado en sectores de derecha, que denosta a las mujeres que incursionan en política, mediante opiniones y acciones que menoscaban su labor”.
El incidente en la Cámara se cruzó con el retiro de la postulación de la ministra Dobra Lusic a un sillón en la Corte Suprema. Sufrió una parecida “ofuscación” cuando pidió que se “controle” la prensa, olvidando la legislación que ya existe. El vocero la Corte Suprema, ministro Lamberto Cisternas, fue tajante: “Me preocupa que alguien que postule a un cargo de tipo público, como es ser ministro de la Corte Suprema, y que está sometido a un control público a través de esta postulación, no tenga claro que en este momento el aire va a correr más fuerte”.
Lo peor, tras estas manifestaciones del diputado y de la ministra, es su ignorancia o menosprecio del papel del periodismo y los medios en una sociedad democrática.
Cuando Edmund Burke habló del Cuarto Poder en Inglaterra en el siglo XVIII, fue porque se le reconocía al periodismo el papel de custodio de las instituciones democráticas. Con aciertos y errores, esa es la tarea que se espera que cumplan los medios. Para ello, obviamente, requieren de libertad, incluso para equivocarse.
Al agredir al periodista, García expresó su lamentable rechazo de esta noble misión. Y lo mismo hizo la ministra Lusic con su sugerencia de controlar los medios.
La defensa de la libertad de expresión es compartida por los informadores en todo el mundo. En Chile lo planteó Camilo Henríquez desde el primer número de la Aurora de Chile.
El periodista Antonio Caño lo resumió acertadamente en El País, hace un par de años:
“El periodismo es imprescindible para la convivencia en una sociedad libre, para el equilibrio de poder necesario en una democracia. Sin el periodismo desaparecería la crítica ordenada, y sin la crítica caeríamos en el imperio de la arbitrariedad y el miedo. Los abusos de poder no son monopolio de los regímenes autoritarios; se dan también en las democracias, y aunque el periodismo independiente no los puede evitar, la denuncia de esos abusos cumple en sí misma una función extraordinariamente valiosa”
No basta por cierto con que los periodistas defendamos esta visión. Es un credo que debería ser compartido por todos quienes creemos en la democracia.