Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Opinión

Pillaje

Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

La “pillería” es uno de los rasgos típicos y bien celebrado de los chilenos. En lenguaje coloquial decimos que tal o cual persona es muy “pilla”; que estuvo muy bien la “pillería” concebida en una fiesta... En la acepción cotidiana, el pillo, tiene gracia y valoración. Destaca por el toque de “picardía”, propia de nuestra idiosincrasia. Por eso al huaso es muy difícil hacerlo leso…
El adjetivo de pillo o pilla, califica la acción de pillar a los señalados como pillos y pillas. Por tanto, insisto, en la acepción coloquial apreciamos el temple vivo del pillo, porque está atento y posee sentido del humor: “¡este huaso es muy pillo!”, “¡la señorita encantadora, tiene cierta pillería en su modo de ser…!”, son expresiones comunes.
No obstante, este mismo vocablo adquiere acepción negativa y grave. En realidad, la lengua es una realidad cambiante en los pueblos y siempre posee variantes. Los matices y sentidos se dan según las situaciones y épocas, conforme al tono e intensidad, allí donde se quiere expresar lo más nativo del término y el hablante o escritor desea subrayar tal o cual intención.
Si se trata de la pillería, debemos afirmar que deriva del verbo “pillar”, y que procede del latín, pigliare. Significa sencillamente coger. Hasta aquí, entiendo bien que la castiza interpretación chilena acerca de la pillería, o sobre el pillo, acierta cuando definimos modos de ser nuestro. El “chilenito pillo” es el que coge bien el instante, es ladino y aprovecha la circunstancia, sale con la suya con inteligencia, audacia y agudeza. Pero, en estos casos, es con grandeza e intrepidez, como cuando apreciamos las pillerías de Manuel Rodríguez.
Otra cosa muy distinta es encontrarse con pillos de las finanzas, que sobresalen por el “pillaje”. La voz toma otro sentido y la calificación moral es negativa. El originario “coger” del pillo, no es la inteligencia del instante. Por desgracia, esa inteligencia hábil es para hurtar, para robar... Este coger despoja...
El pillo del pillaje es un bandido: desvalija, usurpa, corrompe. Toma lo que no es suyo y hace grave injusticia a las víctimas y a la sociedad. Aprovecha sus privilegios para privar al desvalido de lo suyo. Lo inquietante, es cuando se instala en el cuerpo social como camino éxito y riqueza. Este pillaje, por desgracia, es rapiña y saqueo. Empobrece a la población, dada la organización poderosa, hasta el latrocinio, es decir: “acción propia de un ladrón o de quien defrauda a alguien gravemente”, según la Real Academia de la Lengua
¿Cuánto pillaje de pillos inescrupulosos deberemos padecer en el país? ¿Qué sanciones hay para estos bandidos?

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