Poquita fe

26 Noviembre 2018   1519   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

“… La fe que con engaños yo perdí…” decía José Feliciano en la antigua canción. Excusando la trivialidad de la cita, creo que viene al caso de lo que nos está ocurriendo, como sociedad, en estos últimos años. Hemos ido perdiendo la fe. No me refiero a la fe religiosa, que también ha tenido merma, sino a la pérdida de la confianza cívica, el crédito y la certidumbre social.
Porque ocurre que algunas de las instituciones en que más confiaban los chilenos hace algunas décadas, Carabineros, la Iglesia Católica y el Ejército, ya no están siendo estimadas tan dignas de confianza como lo era antes.
Percibo que es hasta al revés. Hoy, son más bien objeto de desconfianza y de recelo. Hay una cierta actitud irónica, suspicaz y descreída cuando se escucha declaraciones de Obispos, Generales, Ministros y demás personeros que se refieren a los múltiples casos y sus muchas aristas, que les han obligado a cambiar comisarías, parroquias y cuarteles, por los pasillos de los tribunales.
No han sido uno, ni dos, ni diez, sino muchos más los sacerdotes y los obispos cuestionados allí, precisamente, donde más les es exigible, su conducta moral y su consecuencia con el mensaje evangélico de la que debieran ser pauta y ejemplo. Y no lo han sido. Tampoco ha sido uno, ni dos, ni diez los casos en que hemos visto carabineros en el lado equivocado de la ley y la justicia, de donde jamás pensamos que saldrían. Y qué decir del Ejército, al que siempre vimos pleno de patria y heroísmo, algunos de cuyos jefes recortaban plata de pasajes y hemos sabido, por declaración de su máxima autoridad, que algunos vendían armas a delincuentes.
Y no basta con repetir que las responsabilidades son individuales, porque la verdad es que siempre lo son. Pero, cuando la abundancia y gravedad de esos casos individuales sugiere, por mera inferencia estadística, que las excepciones se acercan a la regla, la sociedad tiende a generalizar.
Así, el capital moral, el prestigio ciudadano y la confianza que antaño eran patrimonio incuestionable de las tres instituciones hoy en entredicho, se está yendo. Ya lo decía Feliciano en el citado bolero: la fe se pierde cuando los engaños se reiteran. El problema, aparte de la arista judicial y hasta política que todo esto conlleva, es cómo se recupera aquella fe.
No creo que para ello baste la necesaria labor que ha emprendido el gobierno, ajustando protocolos, haciendo más rigurosos los controles, estudiando con lupa los antecedentes de probables ascensos. Todo eso está bien, sin duda. Pero estimo que es insuficiente. La confianza, una vez rota, cuesta mucho que se reconstruya. Mientras tanto, sólo habrá poquita fe.