Domingo, 16 de Junio de 2019

Opinión

“Preparen el camino del Señor”

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Éste comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: <<Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos disparejos. Entonces, todos los hombres verán la salvación de Dios>>”.
Hemos vivido un tiempo fuerte de oración en el mes de María y en comunidad hemos peregrinado hasta el lugar del cerro de la Virgen en Talca, lo mismo en el cerro Condell de Curicó y cada rincón de nuestra iglesia diocesana. Nos confiamos a la protección de la madre que nos permite purificar la fe, su fortaleza y compromiso con el Reino de Dios la hace una discípula misionera confiable. Por eso la Iglesia le rinde un homenaje permanente y la declara la Bienaventurada y llena de gracia.
Con el evangelio de hoy se nos continúa animando a la conversión, como lo proclama Juan el Bautista. Una conversión que ocurre en el tiempo en que nos toca vivir, seguramente por eso se nombran los diversos reyes que gobiernan en ese momento. Con las dificultades propias de cada región y con los elementos culturales que ahí predominan, el evangelio se va abriendo camino haciendo que la historia y la vida de cada hombre y mujer se descubra en una dimensión nueva de progreso y desarrollo. La conversión implica una manera de enfrentar todas las situaciones familiares: con mayor cariño y reconocimiento de quienes nos han acompañado; lo laboral aprendiendo a realizar nuestra tarea con una comprensión de que ahí estamos viviendo nuestro don, los talentos que son personales pero para el bien de la comunidad; una conversión que invita a devolver la armonía en la relación de la humanidad con la naturaleza ya que el aire, las aguas, la tierra están contaminadas y eso trae como consecuencia desertificación de las tierras y cambio climático; una conversión en la cual se entienda la inclusión como un espacio para que cada persona se desarrolle y pueda realizar su vocación sin tener que luchar contra quienes me impiden destacarme.
Este tiempo de Adviento nos habla de esperanza, de un florecimiento de todo lo bueno que tenemos en nuestra vida y en nuestras comunidades. Es la constatación de que Dios nos visita para reafirmarnos en los sueños de bien que tenemos.
El evangelio nos hace un llamado a preparar el camino, a descubrir que la presencia del Señor no puede ser un acto improvisado, no se cambia la mentalidad de un momento a otro. Los expertos en educación saben que se requiere un tiempo largo de formación para llegar a adquirir un estilo, una mentalidad, una opción que irá desarrollando a lo largo de sus años. El Adviento no es un tiempo mágico de actuación divina y no es un adorno, o un juguete que comprar, es un corazón que preparar, es una actitud que me permite encontrarme, en el tiempo que me toca vivir con la persona de Jesús y eso puede ser toda la vida. Es por eso que un sabio definió la Navidad como un encuentro entre dos hermanos, que al mirarse se reconocen hermanos, se llaman hermanos y se tratan como hermanos. Y eso no sucede de un día para otro ni por casualidad.

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