Prevención de abusos. Trigésimo segundo domingo del año. Marcos 12, 38-44.

11 Noviembre 2018   1564   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Jesús enseñaba a la multitud: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”. Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces Él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.
Continuamos la lectura del evangelio de san Marcos. Hoy nos muestra un evangelio que es muy actual. Nos ha dolido demasiado como Iglesia esta situación con la cual Jesús critica a los escribas y a todo aquél que se cree sabio y autoridad en la comunidad de la iglesia. En estas actitudes está la base de la crisis que hemos estado viviendo. Porque cuando empieza a notarse la vanidad de los personajes y no la comunicación de un mensaje de vida como hemos reflexionado en ocasiones anteriores con respecto al discípulo que se dispone atento a escuchar la palabra de Dios, empiezan a provocarse abusos de toda índole. Abusos de poder porque yo soy el que sé más que ustedes y mi tarea es enseñarles y la suya obedecer y hacer lo que “yo” les diga; amparado en una doctrina que asusta y mantiene apegado con el temor del infierno cercano si soy desobediente.
Abusos que pasan a lo económico cuando empezamos a recibir recompensas por los regalos de Dios que son tan grandes que no se pueden valorar en cifras de dinero; pero que la gente sencilla hace todo lo posible por conseguirlo para ser sanado de alguna enfermedad grave, o ser bendecido en alguna situación personal. Me ha tocado ver en alguna parroquia como unos novios no tenían dinero para pagar a alguien que cantara en su matrimonio, pidieron ayuda y a la hora de su celebración, el cantante estaba ahí cumpliendo porque le habían pagado.
Seguramente cuando hay tanta vanidad no está lejos el abuso sexual, el aprovecharse de los pequeños que no entienden que eso es totalmente ajeno a la tarea de un evangelizador. Y hemos visto con dolor como tantos pequeños han sufrido ese flagelo, que se ha ido haciendo visible gracias a personas valientes y con fe profunda.
Esperamos que bajo la inspiración del Espíritu Santo comiencen a surgir hombres y mujeres de fe que su única intención sea la de disponerse como discípulos que, de manera humilde, más con el testimonio que con la palabra, hagan presente el reino de Dios en el mundo. Eso exige ser los primeros en estar con los pobres, con los excluidos de la sociedad, con aquellos que quieren comprometerse con el cambio climático y con la superación de la pobreza en tantos rincones del mundo, en la instauración de la paz en los lugares de conflicto.
Este evangelio nos ayuda a ser autocríticos y de la misma manera responder como la viuda pobre que entrega todo lo que poseía para vivir, pero no se censura ante el servicio, ante la libre ofrenda que reconoce que: de Dios nos ha llegado todo bien, por lo tanto, más que ofrenda es devolución, y seguramente recibiremos mucho más.