Profesor Pinedo

07 Junio 2018   1771   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

La semana pasada en esta tribuna, escribí sobre la relevancia de las ideas y principios para una adecuada discusión pública como la que Chile requiere en tiempos de cambios y reformas, a propósito de la publicación del libro “Reflexiones en torno al poder de las ideas: Voces de Libertad”, que se llevó a cabo en la capital regional. Ello coincidió, infelizmente, con una noticia que impactó los corazones de muchas personas en nuestra ciudad, como lo fue el fallecimiento del profesor Javier Pinedo Castro, reconocido académico de la Universidad de Talca.
¿Quién fue el profesor Pinedo? En primer lugar, una persona educada, de buen trato y respetuoso siempre con sus alumnos. En tercer año de la Universidad, elegí como muchos otros, de manera voluntaria, tomar mis asignaturas de formación fundamental con él. En la primera clase, ya nos impactó su lato conocimiento sobre los temas, su amor por la década de los 60, esos largos años 60 de los que siempre habló con tanto entusiasmo. La literatura, la historia, las letras, y en general, el virtuoso y poco explorado en Chile campo de las humanidades. A sabiendas de que en los tiempos actuales, esta rama ha ido perdiendo adeptos por las nuevas formas de comunicación y el avance de la tecnología, el profesor Pinedo siempre fue deferente con aquellos cuyos gustos iban por frentes diferentes.
Amante de la democracia por la cual luchó y contribuyó a recuperar, creía fuertemente en la autonomía universitaria y de las instituciones, apoyando siempre desde lo suyo, la academia, a la diversidad de posturas en el espacio público- El era un convencido de que en la Universidad, todas las expresiones democráticas debían manifestarse, expresarse, y confrontarse cívicamente.
El profesor Pinedo era de esos profesores llanos a un buen café para conversar con los alumnos con interés por la cosa pública, entendiendo los espacios formativos como la cuna para reflexionar sobre nuestra historia, pero también, para vislumbrar los vaivenes y desafíos planteados hacia el futuro.
La semana pasada dejó de existir físicamente uno de esos personajes que dejó huella, por su extensa sabiduría, su clásica ironía y por las clases que tanto atesoraré esperando que algún día vuelvan. Para recordar, muy especialmente, su frase que me marcó: “Hay que cuidar la democracia”, mensaje vigente para todos los que aspiramos a dedicarnos a la actividad pública.
Descanse en paz, profesor Pinedo.