“¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

14 Octubre 2018   1980   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer parar heredar la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Solo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre”. El hombre le respondió: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”. Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”. Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: “Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios”. Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”. Jesús fijando en ellos su mirada, les dijo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible”. Pedro le dijo: “Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús respondió: “Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna”.
Este texto es muy atrayente, especialmente para quienes desean aclarar su vocación. Porque pone a la persona delante de Jesús y con él responder en verdad lo que se quiere hacer en la vida.
El joven es una buena persona; de hecho, Jesús, lo miró con mucho cariño, se nota que es piadoso y seguramente un asiduo practicante de la religión. Se nota al responder de manera muy firme que todos los mandamientos los ha cumplido desde siempre. Pero a pesar de todo, algo le falta, quiere ser plenamente feliz. Y es el anhelo de todos los hombres y mujeres del mundo. ¿Qué le falta? Jesús le propone un camino cuando le nombra los mandamientos que tienen que ver con la relación entre las personas y finalmente le invita a dejar todos los bienes que posee, dárselo a los pobres y luego seguirlo. En esa posición, no fue capaz de responder y se fue apenado.
Muchos hoy en día viven la misma situación, estamos muy centrados en nosotros mismos, miramos nuestra seguridad y queremos que todo nos lo den, sin la apertura a la aventura. No existe la disposición y el desafío de empezar proyectos que implican la renuncia a todo lo aprendido, a lo ganado, a lo que da seguridad.
El seguimiento de Jesús siempre significará ese desapego que implica involucrarse con los demás, saber su historia y no solo por saberla sino para acompañarla, para ayudar a sanar los sufrimientos que se padecen en la modernidad donde todo está servido. La salud en muchas partes está solucionada, las pensiones se pagan, las viviendas se consiguen: pero no se encuentra alguien que quiera “perder tiempo” con los otros, que desee acompañar la soledad de los ancianos que terminan abandonados en muchos lugares del mundo. No es generalizada la opción de asumir el acompañamiento de los migrantes, de los que viven en las calles, de los que padecen el flagelo de las adicciones, etc.; la religión que propone Jesús no se queda en el cumplimiento de ritos dentro de templos y de comunidades donde todo está asegurado. Sino que su misión pasa por asumir las pobrezas del mundo, para erradicarlas; y que toda nuestra vida se transforme en ser itinerantes predicadores de la Buena Nueva.
Pidamos al Señor que nos ilumine para ser capaces de dejar todo y seguir a Jesús.