¿Qué te pasa, América?

24 Mayo 2018   1029   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Vulneraciones constantes al Estado de Derecho, el conculcamiento de un conjunto de libertades esenciales para toda democracia, la fuerte represión por parte de los agentes policiales, o los severos índices de corrupción, son solo algunas de las consecuencias que diversos gobiernos de corte populista han ido sembrando en nuestro continente.
Todo lo anterior que, por cierto, sale especialmente a la palestra a propósito de la “elección” en Venezuela del pasado fin de semana. Vergonzosos y falsos comicios, sin posibilidad de una oposición real a la dictadura de Nicolás Maduro, en una situación de la cual ya parece redundante estimar mayores consideraciones.
¿Quién podría dudar de que lo que se vive en Venezuela es un régimen dictatorial que transgrede minuto a minuto las garantías democráticas para su pueblo? ¿Nadie? Se equivoca. En Chile, los virtuosos “observadores electorales” del Frente Amplio, el Partido Comunista, el PRO, entre otros, no solo legitiman y justifican el accionar del régimen bolivariano, sino que además, concurren hacia Venezuela para decirnos a todos que el proceso eleccionario funciona y el sistema democrático no está en mayores problemas.
A estas alturas ya nada asombra, y es que pareciera que este aire sesentero de la izquierda chilena ha vuelto a resurgir con inusitada fuerza, aun haciendo vista gorda del desastroso resultado en las pasadas elecciones de fin de año.
Lastimosamente, no ocurre esto solo en Chile o Venezuela, sino en varios otros países de nuestro orbe latino. Brasil viviendo una crisis nunca antes vista en cuanto a corrupción se refiere, el Presidente Ortega en Nicaragua comandando tristemente una de las más negras situaciones de dicho país, o el mismo régimen que tanto conocemos del presidente Morales en Bolivia, en donde el populismo político-jurídico ha estancado largamente a un pueblo que ansía oportunidades.
El trayecto hacia el desarrollo de nuestros países hermanos, atraviesa por pasajes y por problemáticas que ya parecían superadas desde el fracaso de estas ideas a fines del siglo XX, pero que, sin embargo, se niegan a aceptar el certificado de defunción política.
Habrá que seguir luchando contra estas fuerzas que se sitúan en la antípoda de la libertad como valor fundante de la acción política y de toda sociedad, para velar por el futuro del continente que tanto queremos, así también por el de nuestro país, el que cada cierto tiempo enfrenta estas vicisitudes. Por América, y por el futuro.