“¿Quién dice la gente que soy yo?” Vigésimo cuarto domingo del año. Marcos 8, 27-35

16 Septiembre 2018   1421   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas». «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?». Pedro respondió: «Tú eres el Mesías». Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!». Entonces, Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará».
En una importante tarea misionera, Jesús, va caminando con sus discípulos. Seguramente le sucede que a veces la gente más cercana dice cosas que jamás se ha pensado siquiera decir: el Padre lo ordenó; son instrucciones del párroco; o a veces opiniones personales que se entregan a los que consultan o son misionados y que no siempre son de acuerdo a la doctrina que el magisterio enseña porque lo ha discernido, lo ha rezado, lo ha descubierto a partir de la palabra revelada de Dios que está contenida en las Sagradas Escrituras. Y se enseñan como cosas ciertas infinidad de pecados, de condenas, de penas que no están siquiera en el pensamiento del Padre.
Para Jesús es vital dejar muy en claro lo que significa su ministerio. Pero para ello es un deber el mostrarles su verdad. Contarles quien es el Hijo del Hombre y lo que significa el anuncio que realiza. Su mensaje habla del amor del Padre y de su cercanía a los más pobres y sencillos de su tiempo, a los excluidos; y ese mensaje resulta un escándalo para los judíos ya que se consideraba un premio de Dios el que tuviera riquezas o salud y castigo el que padecía pobreza o dolor. Pero la vivencia concreta nos enseña que al parecer la riqueza no siempre es virtuosa cuando ha sido a expensas de los más pobres ya que entonces ese culto es hipócrita y su denuncia trae consigo la persecución, lo que vislumbra Jesús. En esas condiciones seguramente los discípulos tendrán miedo y se echarán atrás, como se ha visto en la historia y en tiempos actuales.
Por otro lado, aparece Pedro, que por cuidar a Jesús y seguramente su propia vida, le pide a Jesús que no diga esas cosas. Pero hacer eso implica impedir el paso del Espíritu. Es frenar la vivencia de una vocación por lo que pudiera suceder.
Se nos invita a tener siempre la actitud valiente y decidida de anunciar el Evangelio a todos no importando lo que pudiera suceder: hoy son muchos los cristianos perseguidos en tantos lugares del mundo especialmente en Medio Oriente, por ellos hacemos oración; muchos de ellos han debido morir sin siquiera plantearse esta pregunta, solo han nacido en un país que no respeta los pensamientos ni la fe de otros.
Estamos llamados a ser hombres y mujeres que abren los caminos para que el Evangelio transite libre en medio de nosotros. Que la palabra de Jesús sea dicha como anuncio y denuncia de todo lo que impide a las personas vivir como tales. Porque si las personas callan las piedras hablarán, nos dirán en la entrada de Jesús a Jerusalén.
Un saludo a todos quienes construyen nuestra patria, que estos días sean de sano encuentro familiar y que podamos reconocer nuestras raíces, nuestras tradiciones que se expresan de un modo nuevo en el siglo veintiuno.