Reflexiones en torno a los Juegos Panamericanos 2019

24 Agosto   657   Opinión   Rodolfo Schmal S.
Columnista Diario El Centro Rodolfo Schmal S.
Rodolfo Schmal S.

Hace un par de semanas terminaron unos juegos panamericanos que posibilitaron el lucimiento de Perú en su calidad de anfitrión del evento por su capacidad organizativa y sus instalaciones deportivas. Por su parte, cada país participante saca sus respectivas cuentas, efectuando un análisis comparativo vertical y horizontal. El primero, comparándose con respecto de sí mismo en similares eventos pasados, y el segundo a través de una comparación con otros países. Normalmente esta comparación se centra en el total de medallas de oro, o en el total de medallas obtenidas por cada país. Como es de esperar, unos salen mejor parados que otros. Se podría hacer una tabla donde, junto con las medallas ganadas por país, se incorpore el PIB/per cápita y su tamaño en millones de habitantes.
Si bien se trata de un ejercicio interesante, tiene sus limitaciones por referirnos a valores absolutos, los que suelen inducir a engaño o error por cuanto no dan cuenta de la realidad en su totalidad. A modo de ejemplo, si bien Estados Unidos tiene casi cuatro veces más medallas de oro que Argentina, no hay que olvidar que tiene una población de más de 6 veces la de Argentina. A ello se agrega un producto interno bruto per cápita tres veces mayor. Si hiciésemos una tabla basada en el total de medallas por millón de habitantes, las posiciones de los países sería otra. Lo mismo ocurriría si asociáramos el total de medallas ganadas por cada país con su respectivo PIB per cápita.


Otro ejemplo lo tenemos al comparar a Cuba con Chile. ¿Cómo explicar que Cuba logre ganar más del doble de medallas de oro que Chile en circunstancias que su población es de poco más de la mitad de la población chilena y cuyo PIB per cápita sea un tercio del chileno? Como para agarrarse la cabeza si se tiene en cuenta que en Chile impera lo que no pocos consideren un exitoso modelo neoliberal, en tanto que en Cuba están bajo un fracasado modelo comunista.
Lo expuesto revela que debemos ser cuidadosos con los rankings y el uso de indicadores, los cuales rara vez logran dar cuenta de la realidad en su integridad, y por lo mismo, tiende a manipularse con fines non sanctos. La relación causa-efecto no es simple.


Tras las cifras hay políticas, en este caso, políticas deportivas, educacionales o de salud, poblaciones más o mejor dotadas físicamente, apoyos estatales, privados y/o familiares, que difieren de un país y otro, y que hacen y/o explican las diferencias. Conocerlas, identificarlas, nos ayudaría mucho a progresar en el sentido más profundo del término.