Sábado, 15 de Diciembre de 2018
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Opinión

Reunión de curso

Horacio Hernández Anguita

Villa Cultural Huilquilemu de la UCM

Los preparativos se hicieron con anticipación. Había que lograr el encuentro de curso que festejara el egreso de ¡hace 45 años! Era 1973, año de trastornos intensos y difíciles. En diciembre, en el patio principal del colegio de los Padres Franceses de Viña del Mar -inaugurado este en 1921-, nosotros éramos entonces muchachos… Desde aquel día, cada cual siguió rumbo propio.
El curso se formó en “preparatorias”. Muchos, permanecieron hasta el final. Durante los años de escolaridad, algunos salieron por diversas razones y otros, nos integramos al curso en plena marcha. La idea era que todos fuéramos al encuentro. Porque nuestro curso 4° Medio B, logró poseer siempre una impronta y fisonomía singular. Sin grandes destrezas futboleras ni deportivas, en las competencias, los rivales nos humillaban… Pero, permaneció un temple y carácter de compañía solidaria, amistad sencilla, aprecio por valores trascendentes o significativos, sin alardes de grandezas falsas.
Esta fisonomía indeleble del curso, fue creciendo en medio de adversidades y sufrimientos. Cada cual realizó su andadura por la existencia. Muchos de nosotros jamás imaginamos los caminos que íbamos a recorrer. En la marcha de la vida, son ya 8 compañeros los que dejaron este mundo temporal. Cuando salimos del colegio, la mayoría tuvimos la presencia de nuestros padres; ahora, casi todos no están con nosotros…
Eran las 13:00 hrs., del pasado sábado 24 de noviembre, en las faldas de cerro La Campaña, Olmué. Fuimos llegando uno a uno a la bella y soleada parcela de Enrique Swett, a la que nos convocó la comisión organizadora. ¡Volver a vernos! Reconocer nuestros rostros más agrietados, compartir con tres profesores de antaño y acoger con naturalidad y cariño a Jackeline Gardeweg, fue todo un momento de grandeza, humildad, sencillez y amistad sincera.
La vida nos sorprende a todos. Y cuando somos padres y abuelos, las desilusiones, los fracasos y los éxitos, nos ayudan a descubrir realidades más profundas de la misma humanidad. Ello, nos lleva a mirar con otros ojos, más serenos, limpios y abiertos, más maduros y humildes. Sin prejuicios ni esquemas preconcebidos. Es la libertad sanadora de Jesús, el Señor, que tiende la mano, y cuyo corazón abierto y misericordioso, (lo aprendimos del espíritu infundido en el colegio) es llama encendida de amor. Amor que permanece en los que continuamos, en esta época de cambios profundo y rápidos, apostando por la sagrada verdad del respeto y compresión por cada hermano o hermana, hijos todos de los Sagrados Corazones, nuestro amado colegio.

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