Salud: un problema de Estado

17 Febrero   398   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

El miércoles pasado el Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, fue dado de alta en el hospital Albert Einstein, de Sao Paulo. De inmediato voló a Brasilia, para retomar el mando en Planalto tras 18 días de ausencia. El 28 de enero, cuatro semanas después de la transmisión del mando, había sido internado para concluir el proceso quirúrgico iniciado en septiembre, tras ser apuñalado en el estómago.
Desde ese episodio que casi le costó la vida, siguió en campaña.


En los meses siguientes, hasta la elección, que ganó por mayoría y durante los primeros días de gobierno, se vio obligado a utilizar una “bolsa de colostomía” para recoger sus desechos orgánicos. La operación del 28 de enero tenía por objeto normalizar los procesos digestivos. Tal como en la primera intervención, cinco meses antes, Bolsonaro se mostró siempre optimista. Después de la última operación envió un mensaje de twitter: “Estamos tranquilos, bien y fuertes”. Pero no todo el mundo comparte dicha visión.


En primer lugar, su ausencia ha tenido un costo. El jueves, cuando ya estaba de vuelta en el Palacio de Planalto, el diario “O’Estado de Sao Paulo”, dejó constancia de que “aunque Bolsonaro haya ejercido funciones administrativas desde el hospital, no logró impedir una cierta paralización del gobierno”.
Más incisivo, el medio electrónico “Brazilian Report” tituló planteando otra preocupación: “La falta de transparencia genera un misterio en torno a la salud del Presidente”.


Las razones de la desconfianza se remontan a 1985, cuando el Presidente electo Tancredo Neves enfermó y murió en vísperas de asumir el gobierno. Se vivía un momento delicado en Brasil: Neves era el primer mandatario civil en 21 años. Le correspondía encabezar una difícil transición. Terminaban más de dos décadas de dictadura militar, la primera de una serie que marcó cruelmente la historia de América Latina en la segunda mitad del siglo XX.


Esta crucial situación genero una profunda alarma durante cinco semanas. Neves, triunfador en una elección indirecta, había debido ser hospitalizado por una infección intestinal.


El temor a que una acción imprevista paralizara el retorno a la democracia, hizo que los médicos desplegaran todos sus esfuerzos por impedir un desenlace fatal. Se llegó al extremo de hacer un montaje fotográfico que mostraba al paciente sentado en la cama del hospital, sin que se vieran sus apoyos artificiales. El objetivo era dar la sensación de que Neves se estaba recuperando y el proceso político no sufriría tropiezos.


Todo fue inútil. Neves, considerado “un mártir de la democracia”, sucumbió a la enfermedad, pero el proceso continuó sin mayores problemas. José Sarney, quien actuaba como presidente interino desde el 15 de marzo, asumió en plenitud el 21 de abril de 1985.


Más de tres décadas después, Jair Bolsonaro ya está instalado a la cabeza del gobierno. Cuando recién empieza a poner en práctica sus proyectos, ha debido enfrentar graves acusaciones contra uno de sus hombres de confianza. Gustavo Beebbiano, secretario general de su partido (PSI), está en candelero por eventual mal uso de fondos de la campaña del año pasado.


En un país en crisis por la corrupción, este no es un buen clima para quien se recupera de una cirugía compleja.