Sedentarismo: Una amenaza para nuestro futuro

02 Abril 2018   1251   Opinión   Franklin Castillo Retamal
Columnista Diario El Centro
Franklin Castillo Retamal

Departamento de Ciencias de la Actividad Física Universidad Católica del Maule

La inactividad motora de los niños hoy en día es cada vez mayor y lo peor es que el ejemplo está siendo tomado de lo que sucede con el mundo de los adultos. El sedentarismo de estos ha llevado a un gran número de niños al mismo vicio, el de la “inmovilidad”. Podemos preguntar, por ejemplo, ¿cuántos niños saben subir árboles hoy en día? respondemos en forma inmediata y sin temor a equivocarnos: un número abismantemente menor que hace algunos años atrás.
El mundo moderno ha llevado a lo que hemos denominado “analfabetismo motor”. Cada nuevo año nuestros niños reducen el tiempo libre y las opciones de actividades lúdicas libres. Innumerables son los factores que llevan a este abandono y reducción, lo que se puede ver reflejado en la inseguridad de los padres por dejar a los niños jugar en las calles - como en tiempos pasados - hasta las exigencias académicas que se tienen en el mundo moderno y en el sistema escolar actual. Las obligaciones de la escuela y sus quehaceres aumentaron en demasía, aquel tiempo libre que se suponía era para jugar, acaba siendo reducido a un pequeño espacio al final de la tarde donde pocas acciones motoras libres pueden ser ejecutadas, entrenadas naturalmente y/o vivenciadas en su plenitud lúdica.
Nuestros niños ya no poseen, en su gran mayoría, la oportunidad de hacer aquellas guerras de barro, jugar a pillarse, saltar la cuerda, un partido de fútbol callejero, la inolvidable “escondida”, andar descalzos en la tierra y tantas otras actividades que contribuyen al enriquecimiento del mundo motor. Sin embargo, saben muy bien navegar por internet, buscar a su cantante favorito en YouTube y tantas cosas que ni imaginábamos los niños que crecimos en otros tiempos. Claro, es otra época, otro momento, otros intereses y otras necesidades.
Los pequeños no pueden ser como fuimos. Ellos en su momento histórico, deben vivir de acuerdo a su época, pero lo que no podemos permitirnos, es seguir contribuyendo a algo que sabemos les perjudicará (o al menos no ayudará) en su futuro. No es necesaria ninguna bola mágica para saber que esa inactividad a la que los estamos forzando, será perjudicial. Un niño que no tiene la oportunidad de vivencias positivas y enriquecedoras en el mundo motor verá sus posibilidades futuras claramente limitadas en ese dominio.
La pregunta es ¿qué hacemos entonces para revertir o aminorar las consecuencias de este proceso?, sin duda el espacio y lugar propicio para ello es la escuela y específicamente en las clases de Educación Física. Sin embargo, esa área formativa está cada vez más limitada también en ese mismo espacio.
Según nuestra percepción y a modo de sugerencia, las características de desarrollo de la Educación Física deberían estar dentro de las exigencias, que los padres observan al escoger un establecimiento educacional, procurando encontrar alguno que dentro de su proyecto educativo no solo enfoque sus esfuerzos en el fomento de las capacidades cognitivas, sino que también, en los dominios motores elementales.
A partir de esta preocupación, cabe puntualizar que el ser humano es un ser complejo compuesto por múltiples y variadas manifestaciones, vale decir, es multidiverso y multifuncional, por lo que necesita también ser estimulado a temprana edad en cada una de esas funciones y expresiones. El llamado es buscar formas de evitar la inactividad infantil, fortalecer la conexión natural y abrir espacios de manifestación corporal de tal forma de contribuir en la minimización del “analfabetismo motor” de nuestros niños, adolescentes, jóvenes y futuros adultos.