“Señor, déjala todavía este año” Tercer domingo de Cuaresma. Lucas 13, 1-9.

24 Marzo   363   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

En cierta ocasión se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. Él les respondió: “¿Creen ustedes que estos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera’. Les dijo también esta parábola: ‘Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’ Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así de frutos en adelante. Si no, la cortarás’”.
Vivimos un tiempo de mucha impaciencia, todo tiene que salir de inmediato. Los procesos no están en la mente de aquellos que quieren generar ganancias en cuanto inician un negocio. A las nuevas generaciones les interesa comenzar a trabajar dirigiendo todas las obras en las cuales los contratan. Vemos en el deporte que los resultados deben ser recién comenzando los campeonatos.
Se nos olvida que se requiere tiempo para alcanzar a tener una formación que defina las personalidades. Los dones y carismas deben entrenarse para lograr la perfección.
Se nos ha olvidado que “echando a perder se aprende”. Ojalá no sean daños grandes, pero que se alcanza la perfección habiendo pasado por un largo camino de discipulado, hasta llegar a ser como el maestro, nos dirá en otro pasaje el Señor Jesús.
La historia humana ha caminado por estos senderos. Antes de la aparición del hombre sobre la tierra fueron millones de años en los cuales razas de gigantes prehistóricos habitaron este mundo y fueron desapareciendo por los períodos de glaciación y por las luchas entre especies. Hasta que apareció el hombre con toda su inteligencia y capacidad de manipular las fuerzas naturales y crear otras nuevas que casi nos permiten acabar con la vida propia y la del planeta, es así como padecemos cambios climáticos importantes en toda la superficie de la tierra.
Hemos sido testigos de la paciencia que ha tenido Dios con la humanidad. Y todo ha sido porque ha habido grandes hombres y mujeres que han confiado y han vuelto su rostro hacia el del Padre que acompaña la historia.
Ha habido situaciones dolorosas, ha habido momentos de grandes alegrías, todos esos momentos han sido producto de nuestras decisiones acertadas o equivocadas, pero nunca han sido castigo de Dios. La presencia del misterio es la permanente caricia en toda instancia humana, para que podamos ir aprendiendo y creciendo en nuestra relación comunitaria.
La conversión es la disposición del hombre que ha visto a Cristo, ha experimentado su amistad profunda y lo ha seguido. Eso significa asumir nuevos valores que son el cuidado de la vida, el compromiso con el mundo en el cual vivimos, la construcción de nuevas relaciones entre las personas y los seres vivos.
Si no lo hacemos, seguramente experimentaremos el dolor de un mundo que se vuelve contra nosotros, el odio de hombres que sienten la exclusión y la explotación, sentiremos que nos vamos quedando solos. Y Dios seguirá cercano para hacerse visible a los ojos del que mira con fe. Seguirá construyendo un lugar de paz para todos. Seguirá esperando que lo veamos y lo sigamos.