Ser laico

31 Enero   411   Opinión   Jorge Navarrete Bustamante
Columnista Diario El Centro Jorge Navarrete Bustamante
Jorge Navarrete Bustamante

Académico U. de Talca

Hace un tiempo leí el último libro de Yubal Harari, Ph.D. en Historia de la Universidad de Oxford, intitulado “21 lecciones para el siglo XXI”, que se ha constituido en una agenda insoslayable para líderes globales en ciencia, tecnología, economía, y política, entre otros.
Harari, escritor israelita, el año pasado estuvo en Chile en el “Congreso del Futuro” logrando una cierta notoriedad, aunque no tan elocuente como la de Richard Dawkins, también doctor de Oxford (zoólogo, mundialmente reconocido evolucionista y no creyente), coincidiendo ambos en temas tan medulares como el origen no creacionista de la vida y del ser humano.
Los dos últimos textos más reconocidos de Harari “Sapiens” y “Homo Deus” han sido valorados por estadistas y emprendedores como altamente estimulantes sobre cuestiones de conciencia, identidad e inteligencia. El tercer y último libro en cambio, publicado en 2018, sobre “21 lecciones para el siglo XXI”, constituye una conclusión de los dos textos antes señalados, y un genuino guía para la acción.
De este tercer libro, subrayo el capítulo XIV sobre Laicismo pues la recomienda encarecidamente previniendo las naturales “sombras” de que puede ser objeto en pos de abordar los nuevos desafíos axiológicos del siglo XXI.
Harari, inicia el capítulo con la interrogante: ¿Qué significa ser laico, secular o seglar?
Y señala expresamente que no un Laico verdadero no es contrario a la religión si ésta no es fanática o pretende imponer sus legítimas creencia directa o indirectamente a quienes no la comparten.
Y es así porque el Laicismo es una concepción del mundo positiva y activa que se define por un código de valores humanista, en el sentido que se gesta y es desarrollada naturalmente por los seres humanos, y no por una fuerza supra histórica como tampoco por oposición a una u otra religión.
A diferencia de los líderes religiosos y acólitos que suelen rechazar otras doctrinas, o le imponen rigurosamente a sus seguidores más modestos, especialmente a los niños, “o eres musulmán o no lo eres”, “o eres católico o no lo eres”… las persona laicas están cómodas con identidades sintéticas múltiples; inclusive el laicismo considera miembro de una sociedad secular al musulmán, cristianos judío o hindú que ora por sus dioses, si acepta el código ético laico; es decir, si consagra los valores de la verdad, la compasión o fraternidad, la igualdad y la libertad, la valentía y la responsabilidad.
De estos, el compromiso laico más importante es con la Verdad, que se basa en la observación, y la evidencia y no en la simple creencia o fe. No es lo mismo verdad que fe. Un relato no demuestra que sea cierto.
Es que los laicos, si son genuinos, no santifican ningún grupo, a ninguna persona, ni a ningún libro como si ellos, y sólo ellos fueran los únicos custodios de la verdad. En lugar de eso las personas laicas consagran la verdad allá donde pueda revelarse: en el Universo y galaxias, en los fósiles, en las ciencias exactas, en los escritos verificados…
Continuará…