Ser Laico II

07 Febrero   391   Opinión   Jorge Navarrete Bustamante
Columnista Diario El Centro Jorge Navarrete Bustamante
Jorge Navarrete Bustamante

La semana pasada definimos laicismo y su complementariedad en ciertas circunstancias con la religión, y su diferencia con ésta. Asimismo, describimos su ética humanista por su gestación y desarrollo a diferencia de otras que emanan de una deidad o por revelación.
En efecto, la ética laica se basa en la profunda comprensión del sufrimiento humano y de todo ser vivo, y no en la obediencia de los adictos en éste o aquel dios.
Por ejemplo, un laico se abstiene de cometer homicidio porque algún libro lo prohíba, eventualmente vaya a recibir un castigo en una vida pos terrenal o porque “Dios así lo dice”… Evidentemente, estas personas esta motivadas por la obediencia y no por la compasión ni la fraternidad que debe unir a todo ser humano. Ergo, ¿qué harán si estos acaban creyendo que su Dios les ordena matar a herejes, a brujas, a adúlteros, minorías sexuales, o extranjeros?
De ello y más, da cuenta la historia con incuestionable nitidez; a diferencia de un laico que siempre ha pensado, por ejemplo, que una violación es obviamente inmoral no porque vulnere algún mandamiento divino, sino porque hace daño a personas. En cambio, una relación entre personas de mismo sexo no daña a nadie, de modo que no hay razón para prohibirla.
Cierto, la relación entre personas será saludable si existe profundidad emocional, intelectual e incluso espiritual. Por ello, un matrimonio que carezca de esta profundidad generará frustración, soledad y atrofia psicológica.
Por lo mismo, el incesto es inmoral pues estudios psicológicos universalmente concluyen que causa daño irreparable a la mujer e intensifican las tendencias destructivas en el progenitor. La evolución humana ha modelado la psique de los sapiens de tal forma que los vínculos románticos no se mezclan bien con los parentescos. Por tanto, no es necesario acudir a dios ni la biblia para oponerse al incesto; sólo hay que leer, informarse de estudios psicológicos relevantes.
Esta es la razón profunda -entre otras causas o circunstancias- de por qué las personas laicas aprecian la verdad científica: no con el fin de satisfacer su curiosidad, sino para saber cuál es la mejor manera de reducir el sufrimiento en cada ser humano, en todo el mundo. Sin la guía de los estudios científicos, nuestra compasión personal y la fraternidad universal suele ser ciega.
De los compromisos hermanados con la Verdad -a la que nos referimos sucintamente en la columna pasada siguiendo al científico Yubal Harari- y la Compasión (o Fraternidad), resultan también en un compromiso con la Igualdad. Y es así porque el sufrimiento es el sufrimiento, da igual quién lo padezca; por tanto, para una persona laica puede estar orgullosa de su nación y su cultura, pero jamás confunde “carácter único” con “superioridad” pues reconocen y siente ser parte de un todo que es la Humanidad.
Continuará…