Miércoles, 24 de Abril de 2019

Opinión

“Si tú lo dices, echaré las redes” Quinto domingo del año. Lucas 5, 1-11.

P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: ‘Navega mar adentro, y echen las redes’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes’. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: ‘Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador’. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: ‘No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres’. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron”.
Este texto que recibimos como regalo nos muestra a Jesús en plena misión de predicación con una actitud de caridad pastoral muy fuerte y convencida.
La comunidad inmensa de hombres, mujeres y niños han despertado a la esperanza gracias a la predicación de Jesús. Se sienten consolados, confortados y reconocidos por este predicador. Seguramente nos hemos encontrado con personas que nos invitan, no con palabras ni preguntas, sino con su acogida, su atención, su escucha; a que les podamos responder a situaciones vitales de su propia existencia.
Alguna vez me ocurrió, cuando siendo jóvenes sacerdotes, dedicados a trabajar en tareas diversas y distintas a lo pastoral ordinario, me encontraba haciendo instalaciones eléctricas y llego a una casa donde la dueña supo de alguna manera que el “maestro electricista” era un cura. Se le despertó toda la curiosidad de conversar, quería saber cosas de un familiar que había fallecido y tenía mucha pena. No me quedó más remedio que contarle acerca de Jesús y de invitarle a la esperanza y a buscar el consuelo en Cristo. Algo de lo cual ella quedó muy agradecida, nunca más la volví a ver, pero creo que sanó de una pena grande y yo seguí mi camino. Esa disposición es la que todos debiéramos tener siempre. A veces la rutina, el cansancio, las muchas obligaciones, nos impiden estar cerca del corazón de la gente.
Hoy, Jesús, nos enseña a responder de inmediato y con amor profundo a los grandes dolores humanos.
Los apóstoles, al parecer, comprenden esta enseñanza y de inmediato, también obedecen a Jesús, facilitándole las barcas para hablar y luego tirando las redes al mar, aunque no habían pescado nada durante la noche. Pero cuando se hace en el nombre de Jesús la pesca se multiplica, milagrosamente las redes se llenan de peces y motiva a los pescadores antiguos a responder haciéndose ahora pescadores de hombres.
La cercanía de Jesús es la que acarrea conversiones. Nuestra experiencia de estos últimos tiempos nos dice que se debe volver a ese rostro para despertar su búsqueda en los hombres y mujeres de este tiempo, que defraudados por los ministros consagrados no solo se han alejado, sino que incluso han dejado de creer en Dios.
Despertemos al amor pastoral de Cristo, que vuelve todas las miradas hacia él y motiva a su seguimiento verdadero.

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