Simplificación regulatoria

26 Junio 2018   1017   Opinión   Ignacio Briones
Columnista Diario El Centro
Ignacio Briones

Integrante Comité de Políticas Públicas de Sofofa y Decano Escuela de Gobierno UAI

¿Sabía usted que en Chile existen cerca de 250.000 regulaciones distintas, incluyendo leyes, decretos, reglamentos, resoluciones y ordenanzas municipales? Dentro de esta exorbitante cifra, ¿cuántas regulaciones están obsoletas? ¿Cuántas están duplicadas o son inconsistentes entre sí? Probablemente muchas, aunque parte del problema es que no lo sabemos.
Hacer un esfuerzo serio en responder a estas preguntas es prioritario. En parte porque la maraña regulatoria que tenemos en frente puede acarrear elevados costos. De acuerdo a la literatura económica, estos podrían representar entre 0,5% (Loayza et al. 2005) y 2% (Dawson y Seater 2013) del PIB anual. Es por esto mismo que una mejor regulación, más simple y coherente, puede implicar ganancias de productividad importantes.
Por lo mismo, no cabe sino aplaudir que el gobierno haya mandatado a la Comisión Nacional de Productividad (CNP) para comenzar a abordar esta discusión a nivel de ciertos sectores económicos. Como ha señalado la OCDE nuestro “alto stock de regulaciones y formalidades administrativas acumuladas en el tiempo requiere de revisiones periódicas y actualizaciones para eliminar lo que queda obsoleto y, cada vez que sea posible, simplificar”.
La iniciativa del gobierno, no solo está alineada con recomendaciones internacionales. También encuentra eco en una serie de propuestas desde la academia (crecerjuntoschile.cl) y centros de estudio como el CEP (propuestas de modernización del Estado). Pero también está alineada con iniciativas impulsadas por asociaciones gremiales como Sofofa y su agenda de simplificación regulatoria y reforma del Estado.
Hay quienes miran con sospecha una agenda de este tipo. En parte porque equivocadamente asocian simplificación con desregulación. Lo cierto es que esta agenda puede fortalecer la regulación al hacerla más comprensible, fiscalizable y cerrar los espacios de arbitraje regulatorio. El todo, entregando más certezas a los agentes y menos discrecionalidad a la autoridad.
Hace más de 200 años, James Madison, uno de los Padres Fundadores de EE.UU., alertaba sobre la inconveniencia de “tener leyes (normas) tan voluminosas que no hay manera de leerlas o tan incoherentes que no se pueden entender”. En el Chile de hoy, llegó el momento de tomarnos en serio esta advertencia y comenzar a simplificar nuestra maraña regulatoria.