Sábado, 17 de Noviembre de 2018
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Opinión

Te Deum

Jorge Navarrete

Académico U. de Talca

Ha sido un verdadero dilema la decisión de nuestras autoridades republicanas de si asistirían o no al próximo Te Deum. Ello, debido a hechos ya tan conocidos como repudiables, al decir de la ciudadanía chilena en cada expresión de opinión (encuestas, sondeos, cuestionarios, entrevistas) que se le quiera medir, salvo para los propios victimarios, cómplices, incautos o por una lealtad mal comprendida que mediatizan con una presunta inocencia o negligencia poco creíble.
Empero, ello es un tema –la asistencia o no al Te Deum- ya prácticamente instrumental o de forma, que se sostiene más por una añeja sino anacrónica tradición medieval visibilizada desde Carlomagno cuando instauró el régimen “Césaro Papista”, e impuesta en Chile por el poder que aún detentaba la Iglesia Católica.
El temas de fondo es si corresponde un Te Deum en un país que dice ser un genuino Estado Laico.
Tal problemática sólo ha sido abordado y mejor desarrollado no por el canal público TVN, precisamente del Estado pues se financia con recursos de toda la ciudadanía chilena, sino por CNN, específicamente por el periodista Daniel Matamala.
Estamos a casi un siglo de cumplir 100 años de separación entre la iglesia católica y el Estado. Pero parece que así no fuera. Ello se evidencia de diversas formas, por ejemplo, en los privilegios que tiene ésta iglesia respecto de las evangélicas, u otras.
Más claro aún. En nuestra región de Maule en los últimos años (alrededor de seis) se ha aprobado por el GORE sobre $21 mil millones de pesos para restaurar edificaciones de la Iglesia católica.
No es necesario colegir los costos de oportunidad o alternativos en que esos recursos pudieran haber resuelto las reconocidas limitantes maulinas, por ejemplo, en los hospitales de Curicó, Linares o la implementación de especialidades en el de Talca.
Su apoyo espiritual, y amor a Chile, sale caro…
Tal iglesia se niega a separarse del Estado por su evidente conveniencia de preservar e incrementar su influencia en las familias, sobre los poderes del Estado y en la sociedad chilena.
El Te Deum es insólito en una república laica, diversa y pluralista. Pues es ceremonia además plagada de boato, se sustenta en la homilía de un sacerdote que se permite amaestrar y a veces hasta reprender a nuestras autoridades soberanamente electas por la ciudadanía.
Sorprendente, pues en tal “Acción de Gracias” se evidencia –más que espiritualidad- una elocuente dependencia de Chile respecto de una autoridad designada por un Estado extranjero como el Vaticano que pontifica con, a lo menos, cuestionable autoridad moral.
Amiga y amigo lector, Chile es uno de los pocos países del mundo que celebra un Te Deum con motivo de su fiesta nacional, sólo similar a países como Guatemala, Haití, Perú y Argentina, creo que un par más.
Ello no corresponde a una República verdadera donde nuestras autoridades elegidas por creyentes y no creyentes, se sometan al representante de un estado extranjero conocido, ni más ni menos, como la “Santa Sede”.

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