Testigos de Jesús Resucitado “

01 Abril 2018   1170   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto’. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró al sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: El también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos”.
Hemos vivido estos días de Semana Santa, espero que en ambiente de recogimiento y oración. Seguramente muchos han podido también descansar, pero teniendo presente esta gran novedad que nos presenta el evangelio y que afecta la vida personal y la historia universal.
Recibimos esta gran noticia de que el sepulcro que había contenido a Jesús se encuentra vacío y los lienzos, las vendas que habían cubierto al Señor estaban en el suelo; como que se las hubiese sacado y luego se hubiera ido como si nada. Los testigos de esto son las mujeres en primer lugar y luego los discípulos que nos muestra el texto que, habiendo corrido hasta la sepultura, la encuentran abierta como ya hemos descrito.
En la biblia había algunos testimonios de resurrección. Me acuerdo de los profetas Elías y Eliseo, también Exequiel nos hace ver la incontable muchedumbre de huesos que recobran la vida. El nuevo testamento mismo ha presentado a Jesús resucitando a varias personas entre ellas a Lázaro, su amigo. Lo que quiero decir es que se da un retorno a lo que cada uno hacía. Cada uno de los resucitados continuaba realizando lo habitual y seguramente llegaría la hora en la cual volvería a morir de manera definitiva.
Lo novedoso de Jesús está en que su morir es un morir momentáneo y su resucitar, o su vivir es un vivir para siempre. Pero en las coordenadas divinas. No es para enfrentar la contingencia ya superada, sino que es para reinar eternamente junto a su Padre.
Muchos hombres quieren ver a Jesús aquí y nos desafían a exigir esa presencia. Pero la alegría que provoca este acontecimiento tiene su plenitud en la eternidad. Aquí en la tierra podemos ir construyendo la vida eterna. Cada hombre y mujer decide comenzar a vivir según la buena nueva del Reino. Y eso implica hacer presente todo lo que Jesús nos ha enseñado. Es en esa concreción de vida en el amor la que nos va haciendo comprobar la presencia nueva de Jesús en el nuevo trato entre los hermanos que siempre hacen y buscan el bien. En la construcción de un mundo nuevo donde la naturaleza se cuida, el agua se limpia, el futuro se mira con responsabilidad, etc., vamos reconociendo que el cielo está mas cerca de lo que creemos. Es el “ya pero todavía no” que enseña la teología. Es la palabra cargada de esperanza que se comunica en la sonrisa de un padre que protege a su hijo y lo prepara para que sea un servidor a la manera de Jesús.
Los cristianos no esperan ver a Jesús. Sino que más bien viven a Jesús. Son los que aún no creen, los que buscan respuestas para las situaciones más difíciles de su vida los que necesitan verlo. Y verlo en el testimonio de aquellos que han creído en la palabra de los apóstoles que corrieron esa mañana y llegaron hasta el sepulcro abierto. La comunidad de la Iglesia debe ser un grupo de hombres y mujeres resucitados y que viven como tal. ¡Feliz Pascua de Resurrección!