Tiempos turbulentos

29 Mayo 2018   1373   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

En unos días más, e1 1 de junio, el Presidente Sebastián Piñera entregará su cuenta pública ante el Congreso Nacional en Valparaíso. Ya lo hizo, el año pasado, Michelle Bachelet, inaugurando el cambio de fecha. Hubo consenso en que el 21 de mayo generaba demasiadas complicaciones, restándole brillo a la conmemoración del combate naval de Iquique.
El jefe de Estado aprovechó este 21 de mayo para marcar rumbos. Recordó en un discurso en Valparaíso la gesta de Arturo Prat y los marinos que “murieron por una causa noble, por nuestra patria (…). Sin ellos, sin su heroísmo, no seríamos lo que somos hoy día”. Al mismo tiempo entregó un mensaje inobjetable: Chile enfrenta hoy “otras batallas”, como derrotar la pobreza y construir una patria unida.
En el pensamiento presidencial se han ido clarificando las prioridades conforme la contingencia. Tras dos meses de su regreso al poder, el panorama no estaba claro, enredado en gran parte en los “errores no forzados” de su propio sector. Su popularidad inicial tuvo una leve baja mientras el 91 por ciento de los chilenos -conforme la encuesta Cadem- entendía que la mayor urgencia del momento era la protesta feminista, incluso por sobre la delincuencia o los problemas de la Iglesia Católica.
Piñera supo leer el mensaje y asumió un tema que en su programa no tenía una dimensión tan relevante. Con gran sentido de la oportunidad, tomó rápidamente la bandera del movimiento feminista. El miércoles pasado, en La Moneda, anunció los ejes de la agenda del gobierno en materia de equidad de género. La ceremonia se demoró casi una hora porque, según trascendió, se debió a que hasta el último momento Piñera estuvo ajustando los detalles de su discurso. Los dos puntales del trabajo fueron las ministras Secretaria General de Gobierno, Cecilia Pérez, e Isabel Plá, de la secretaría de la Mujer.
“Hacen bien las mujeres en luchar por una causa justa”, dijo Piñera, quien no vaciló en autocriticarse: “Todos hemos cometido errores en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestro diario vivir y en nuestra sociedad (…). Yo también he cometido esos errores y haré todos los esfuerzos para corregir estas conductas”.
Las autoridades de gobierno, dijo, tienen “la responsabilidad, urgencia y deber de ejercer nuestro liderazgo para, no solo cumplir con los compromisos de nuestra campaña presidencial y de nuestro programa de gobierno, sino también y más importante aún para escuchar, dialogar y recoger todas las propuestas de nuestra sociedad para contribuir a que esta noble causa avance con toda la fuerza de nuestro compromiso y voluntad”.
La maniobra, sin embargo, no tuvo todo el éxito que se esperaba. El tema de las isapres y las diferencias de costos irrumpió como preocupación fundamental. Estos tiempos, marcados por la desconfianza y la sospecha conspiraron en contra.
Sebastián Piñera ha madurado políticamente. Es posible que la dolorosa crisis que vive la Iglesia Católica, por no haber reaccionado a tiempo ante los delitos y flaquezas de sacerdotes y dignatarios, le haya ayudado a percibir la necesidad de responder sin vacilaciones.
Cuando las redes sociales marcan pautas, es bueno saber atenderlas. Pero también hay que aceptar que este empeño nunca será fácil.