Sábado, 17 de Noviembre de 2018
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Opinión

Todos contra Keiko

Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

Las elecciones presidenciales y parlamentarias realizadas ayer en Perú fueron, en varios sentidos, inéditas.

Primero, porque se trató de un proceso eleccionario inserto en un régimen plenamente democrático, lo que no ha sido la tónica en el vecino país, cuyos cambios de gobierno en el último siglo fueron mayoritariamente realizados fuera de las reglas de la democracia.

Además, porque si bien el espectro electoral que los 19 candidatos ofrecían a la ciudadanía estaba notablemente corrido hacia la derecha, la irrupción de Verónika Mendoza representando un chavismo trasnochado y a destiempo, puso la nota “progresista” en las elecciones.

Tercero, que sorpresivamente la justicia electoral excluyó a dos candidatos que ya estaban en carrera. A uno de ellos, aplicándole una norma modificada por el Congreso faltando menos de dos meses para la elección y, al otro, que iba segundo en las encuestas, por anomalías administrativas en su inscripción.

Cuarto, porque la implementación del voto electrónico tuvo una serie de problemas que hicieron mucho más lento el proceso para los ciudadanos, todo lo contrario de lo que se esperaba, pese a lo cual no se extendió el horario de votación.

Quinto, porque el atentado extremista que conmovió a los peruanos a pocas horas de las elecciones y que costó la vida a siete personas, atribuido al grupo terrorista Sendero Luminoso, recordó a la ciudadanía un tiempo aciago que ya creían haber superado como sociedad.

Y por último, porque las candidaturas de dos ex Presidentes, Alan García y Alejandro Toledo no lograron concitar más que un apoyo residual y escasamente significativo.

¿Qué pasará ahora en el vecino país? Si bien habrá que esperar hasta el 5 de junio para saber, con certeza, quien gobernará a los más de 31 millones de peruanos, es también correcto pensar que los planteamientos propagandísticos y programáticos de quien ocupó el segundo lugar ayer, probablemente cambiarán si aspira a convertir ese veintitantos por ciento en más de un cincuenta.

Y, por otro lado, Keiko Fujimori, la triunfadora parcial, enfrentará desde hoy un panorama desafiante: por un lado deberá ampliar su oferta electoral si aspira a obtener más del 50% de la votación en junio, intentando encantar a esos miles de votantes que prefirieron ayer otras opciones. Pero, a la vez, deberá defenderse de una verdadera guerra política que casi todos los demás candidatos le declararán.  La tónica de la segunda vuelta será una suerte de “todos contra Keiko”, por lo que la victoria de la hija de Alberto Fujimori no está garantizada.

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