Viernes, 19 de Abril de 2019

Opinión

Trabajar en Pro del Envejecimiento Positivo

Víctor Yáñez Pereira

Universidad Autónoma de Chile

Los procesos interdisciplinarios e interinstitucionales que fomentan el desarrollo cognitivo, bio-físico y de participación de personas mayores, junto con ampliar su esperanza y calidad de vida saludable, productividad, autonomía y entornos para la vejez (OMS), deben impulsar oportunidades intergeneracionales. Es necesario legitimar, por un lado, su condición de ciudadanos y, por otro, la concepción de que todos enfrentamos el fenómeno de envejecer. No basta con considerar a los mayores como sujetos de política pública, prioritariamente, en salud. Debemos reconocerlos como sujetos de derechos, incluidos en el desarrollo de una sociedad de envejecientes.
En el mundo, la proporción de personas mayores de 60 años crece más rápidamente que cualquier otro grupo de edad. La esperanza de vida aumenta, llegando actualmente a 80 años. Según datos de Senama, en Chile esta proporción alcanzaba el 9,2% de la población total en 1990, esperándose para el 2025 que aumente al 21,1% y el 2050 al 24,1%. 
Hasta un 80% de las personas con 70 años mantiene una forma física y mental que les permite llevar su vida diaria. Aun así, se sigue relacionando el envejecimiento y la vejez con la enfermedad y la dependencia. Hacer proliferar el potencial de envejecimiento, implica que los envejecientes, junto con los esfuerzos gubernamentales por idear programas para vivir los años “extra” y disfrutarlos, nos hagamos responsables de construir espacios de activa participación socio- política, económica y cultural, rescatando sabiduría.
Para eso, el envejecimiento debe comprenderse como expresión social y no sólo como etapa vital. Eso lo saca del binario normal y anormal, funcional y disfuncional, operando, simultáneamente, como proceso biográfico e histórico. Así, por ejemplo, para los individuos el envejecimiento comienza con la gestación y termina con un buen morir, mientras que para las sociedades inicia, fundamentalmente, con el aumento de la esperanza de vida y la reducción de la natalidad, pero, no tiene un término claro ni prescrito. Hemos de concebirlo como proyecto político entre generaciones y saberes, según testimonian modelos europeos, países anglosajones y el propio plan nacional para una política integral de envejecimiento positivo.
Alguien me dijo una vez que “hay que añadir vida a los años y no solamente años a la vida”.

Volver a opinión