“Tres personas distintas, un solo Dios”

27 Mayo 2018   1261   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él: sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: <<Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo>>”
Celebramos esta solemnidad de la Santísima Trinidad. Un inmenso misterio que todavía cuesta explicarlo a quienes nos exigen esa tarea. Pero un inmenso gozo el poder vivir la vida comunitaria para quienes hemos podido aprender en ella. La comunidad de los que siendo distintos tienen un objetivo común y trabajan de tal manera que cuando se ven desde fuera parece uno solo. Se ven los brazos realizando su tarea de fortaleza y de tallar de manera delicada un rostro o un ser de la naturaleza, las piernas conducen a todo el cuerpo hacia el lugar donde esa obra será sellada en el fuego o el barniz, la cabeza ha pensado y ha programado lo que se hará y todos los miembros trabajan para que triunfe aquello que es nuestro objetivo común.
La Santísima Trinidad tiene como trabajo principal amar. Es lo que define a Dios. El Dios único y verdadero que está por encima de todo se manifiesta en su ser Hijo para manifestar el rostro de Dios, que es amor; que aparece como un Buen Pastor que conduce al rebaño, que se gana su corazón y entonces, éste rebaño, confía en él y lo sigue a todos los lugares donde encontrará comida y agua, seguridad. El Hijo nos revela el rostro verdadero de Dios que como el Padre pródigo sabe acoger a su hijo que había dejado la casa y había gastado toda la fortuna en una vida licenciosa.
El amor de Dios Espíritu Santo nos permite traspasar las fronteras del tiempo y el espacio para comprender los signos de los tiempos y vislumbrar que, si seguimos viviendo de tal o cual manera podemos terminar con la humanidad, así como ya vemos los efectos de la sequía en el norte de Chile y el escape de los glaciares del sur hacia el interior de las tierras y ya no están a la orilla del mar. El Espíritu Santo nos permite crear lazos de amistad, de cercanía, de superación de los odios y de las competencias hedonistas para configurar estructuras de vida.
La solemnidad de la Santísima Trinidad nos debiera despertar a situarnos en el lugar de los que más han sufrido en estos últimos tiempos, por abusos de poder, sexual, discriminación, y aprender a mirarnos como una gran comunidad de personas distintas pero un solo Dios nomás, decían los antiguos. Es la solemnidad del amor, de la aceptación de los que son distintos. Es la solemnidad de los que forman parte de esta familia humana, aunque no crean en el mismo Dios, o, aunque no crean en ningún Dios, porque en todos hay semillas del verbo y los que creemos las descubrimos y las cosechamos para el bien de la humanidad y su futuro.