Martes, 13 de Noviembre de 2018
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Opinión

Un desafío para todos

Ervin Castillo A.

Fundación Talca

Durante años en nuestro país se ha promovido un discurso de respeto y promoción por los derechos humanos. Por fortuna, por cierto, porque estos derechos se constituyen como esenciales para la construcción de cualquier sociedad humana, sobre todo en tiempos en donde debe protegerse el imperio de la ley, de la igualdad de todas las personas y del estado de derecho.
La temática cada cierto tiempo vuelve a transformarse en el principal eje de discusión pública, por cierto en meses como septiembre, pero también respecto de situaciones más específicas, como lo fue la salida del ex ministro Mauricio Rojas.
A nivel continental, el tema no pasa inadvertido, y cómo no, con el florecimiento en algunos casos, y en otros de la reproducción sistemática de gobiernos que de democracia y derechos humanos no conocen nada, rehusándose por mucho tiempo a otorgar garantías mínimas para sus ciudadanos. Ocurre hoy en Nicaragua, Venezuela o Cuba, y en varios otros países cercanos a Chile, en donde los derechos humanos han sido no solamente transgredidos, sino que también han pasado a ser solo un triste cuento de quienes suelen hablar de estos, pero que en la práctica demuestran diariamente su profundo romance con los regímenes autoritarios y totalitarios.
El Diputado Boric le ha pedido consecuencia en la materia a diversos personeros de izquierda, y con justa razón, para poder ofrecer un proyecto con mayor sentido común y de futuro, y es que en pleno siglo XXI parece igualmente condenable el accionar de un sujeto que catalogue el régimen desde 1973 en Chile como un sistema democrático, que aquellos que profesen los ejemplos de los Castro, Ortega, Maduro y compañía.
Emblemáticos referentes del Partido Comunista y de otras entidades de izquierda, han fustigado fuertemente al diputado por Magallanes, cayendo en la vieja táctica leninista de comparación entre quién está más a la izquierda que el del frente. Lo han “acusado” de no ser de izquierda.
Así, una vez más, estos personajes han notificado a la opinión pública que no están dispuestos a entender que los derechos humanos son para todos, trascendiendo a las izquierdas y a las derechas, siendo igualmente condenables y dolorosas sus vulneraciones porque toda persona humana vale lo mismo y es igualmente indispensable para nuestro mundo.

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