Un hito histórico

14 Enero   559   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

En el Instituto de Chile, al asumir el martes recién pasado como la primera presidenta de la corporación, Adriana Valdés recordó sus palabras cuando “hace ya muchos años” se incorporó a la Academia Chilena de la Lengua:
“Comencé mi discurso acordándome de una monja chilena que había escrito tres siglos antes: “Soñé que veía una puerta hermosísima de una iglesia en la cumbre de un cerro o monte muy alto, y que había un gran jubileo. Yo, con el anhelo de ganarlo, fui a toda priesa a subir, más vi que sólo hombres subían: dije: ‘esto no es para mujeres’ (...) Tomé aliento y subí.”
“Esto no es para mujeres”, subrayó Adriana Valdés en el Salón de Honor del Instituto de Chile. “Este era el sentido común de esos tiempos, pero un sentido común que se perpetuó en muchas formas hasta el siglo pasado, en toda nuestra cultura occidental”.
Tras un año que empezó marcado por la irrupción del feminismo militantes, una de las instituciones históricamente más marcadas por la tradición machista, abrió sus puertas a una indiscutida representante de las letras y la cultura chilenas.
Al recibirla como su sucesora, el presidente saliente del Instituto de Chile, Luis Merino anotó:
“Le brindo una cordial acogida a doña Adriana Valdés Budge… Junto al valor histórico que reviste este hecho, destaco su saber profundo y su comunicación sencilla al alcance de todos que palpita en sus libros, artículos y conferencias”.
El Instituto de Chile nació hace más de medio siglo, en 1964, con el propósito de “promover en un nivel superior el cultivo, el progreso y la difusión de las letras, las ciencias y las bellas artes”. Pero su idea original es mucho más antigua. Juan Egaña habló por primera vez de un organismo que agrupara diversas academias porque ellas “son el taller de las ciencias”: Eran los años en que prosperaron otras trascendentes iniciativas: La Aurora de Chile, en 1812, y el Instituto Nacional en 1813. Es una época caracterizada por la ausencia de las mujeres en la vida pública.
Todavía hoy, de las seis academias que componen el Instituto (Lengua, Historia, Ciencias Políticas, Ciencias. Medicina y Bellas Artes) solo tres están presididas por mujeres y ello muy recientemente. Obviamente, Adriana Valdés no podía dejar de abordar el tema:
“El sueño que les acabo de contar era el de Sor Úrsula Suárez, en el Convento de las Clarisas de la Victoria. Era un sueño personal: en él le bastaba ‘tomar aliento’ para subir. Ninguna mujer lo puede alcanzar, por mucho aliento que tome, si no hay tras ella muchas otras”. Dicho esto, digo también que no estoy aquí por ser mujer, sino por ser académica, y por estar llamada a hacerme cargo. Y comienzo por agradecer las bases firmes que podrá tener mi labor en la Academia y en el Instituto, bases que pueden realmente afirmar una adecuada labor institucional en los tres próximos años”.
No cabe duda, en todo caso, que esta nueva era comienza de forma muy auspiciosa. La ministra de la Cultura, Consuelo Valdés, presente en la ceremonia, dijo que se trata de un reconocimiento a la vasta trayectoria de Adriana Valdés, como también a su gran aporte multidisciplinario en distintos ámbitos de la cultura”
En otras palabras, es importante que sea mujer, pero no es ese su único mérito.