Un largo festejo

15 Septiembre   380   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

 

Es difícil imaginar un país que tenga una semana completa de festejos como Chile en este “18”. La frase más escuchada, desde hace semanas, es esperar “hasta después del 18”.


La conmemoración de la primera Junta de Gobierno, ha variado con los años tanto en contenido como en extensión.


En 1811 la jornada se inició con una triple salva de cañonazos y un Te Deum, según consignó el paraguayo Manuel Antonio Talavera, autor de “Revoluciones de Chile: discurso histórico, diario imparcial, de los sucesos memorables acaecidos en Santiago de Chile, desde el 25 de mayo de 1810 hasta el 20 de noviembre de 1811”. Fue un testigo privilegiado que vivía en pleno centro de la capital. Pero su adhesión a la causa realista le significó la cárcel luego del Motín de Figueroa y más tarde la expulsión de Chile.


Complementando la información, el profesor Andrés Medina, de la U. Católica de Concepción, explicó a la radio Bío-Bío, que en ese primer “18” también se celebró un acto en el Palacio de Gobierno (la antigua sede de la Real Audiencia) en Santiago. “Se hizo un recuerdo de lo que había implicado el 18 de septiembre del año anterior. Se dice que hubo una concurrencia masiva de la élite”.


El significado de la Primera Junta de Gobierno era todavía lejano para la mayoría de los chilenos. Sin medios masivos de difusión, con una elite todavía dividida, es comprensible que los festejos se redujeran a un grupo selecto. Los cambios, sin embargo, se estaban produciendo con rapidez. En julio entró en funciones el primer Congreso. En 1812 irrumpió La Aurora de Chile, cuya importancia va más allá de la inauguración de los medios de prensa. Camilo Henríquez y otros comentaristas usaron el periódico como una tribuna que apostaba incansablemente por la independencia.


Hacia el final de la Patria Vieja, el ejército en formación y las organizaciones civiles fueron haciendo cada vez más popular la idea de la independencia. Tras la dura etapa de la Reconquista, el retorno de los criollos al poder generó nuevos motivos para festejar. A lo largo del siglo XIX se fue consolidando el concepto de patria. Los festejos en el Campo de Marte, las fondas y ramadas, las competencias de volantines y otro juegos y, por supuesto, el abundante consumo de vino y chicha dieron forma a la celebración de las Fiestas Patrias. El “18” se convirtió en una oportunidad para compartir. Pese a las diferencias económicas, los festejos fueron acercando a las distintas clases sociales. A lo largo de la historia se hizo evidente una característica muy propia de los chilenos: su cordialidad, su auténtica apertura “al amigo cuando es forastero”..


Esta permanente disposición de fraternal acogida se expresaba más que nunca en los festejos del “18”. Así lo describen numerosos visitantes a lo largo del siglo XIX. Y tiene un punto culminante, como se ha recordado ahora, con la solidaria recepción brindada hace 80 años a los inmigrantes del Winnipeg.


La pregunta, en estos días de largas celebraciones, es si tenemos el mismo entusiasmo patriótico que en el pasado. Parece más probable que, junto con el crecimiento económico y la globalización, nos integremos a una serie de publicitados festejos cuyo motivo no siempre recordamos.


Al mismo tiempo, sin embargo, parece que lo verdaderamente positivo es que todos podemos festejar. No solo la elite.