Martes, 25 de Septiembre de 2018
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Opinión

Un tema con los súper ricos

Ignacio Cárdenas Squella

Periodista

Censos más o menos, buenos o malos, lo cierto es que andamos por los 18 millones de habitantes. En los últimos tiempos se ha mencionado por todos los medios de comunicación que en Chile existe un 1% de la población que es poseedora del 35% de la riqueza lo que, según algunos estudios, sería la proporción (o desproporción) más grande del mundo. ¡Campeones!, lo que suena tan raro e increíble cómo ser los vicecampeones de las selecciones de fútbol. Pero es lo que marcan las estadísticas.

No obstante, los estudios no deben andar muy alejados de la realidad. A medida que uno va conociendo, por ejemplo, al habitante regional, puede constatar que hay muchas, pero muchas personas que tienen grandes fortunas y dimensiono ese haber como que puede ser suficiente para que quienes las poseen dejen asegurada la subsistencia de hasta dos de sus descendencias, por lo menos.

Claro y es que el 1% corresponde a 180 mil personas y si dividimos por cuatro, son como 45 mil familias. Sin duda dentro del 1% hay también una concentración interna de algunos grupos (familias) que su patrimonio podría solventar la subsistencia de harto más que los nietos y bisnietos. Así las cosas, a lo largo de las ciudades de Chile debemos tener en cada una de ellas una buena cantidad de familias con buenas fortunas.

 Traigo a colación esta matemática en razón de que también pareciera común a dichos afortunados (sin duda siempre hay mínimas excepciones que sólo permiten confirmar la regla) no hacer notoria alguna vocación de aportar en las sociedades donde viven para obras de beneficio colectivo.

No hablo de que se realice una dádiva como le conocemos a Farkas (generosidad que por cierto celebro y muy especialmente cuando lo hace para que sus receptores logren éxitos en sus emprendimientos o salir de situaciones catastróficas) sino simplemente apunto a volcar alguna parte de sus activos para tanto déficit en infraestructura, cultura, deporte etc. que cada comunidad tiene. Aunque fuere para dejar algún legado o enseñanza contra la avaricia.

Muchas veces se quiere circunscribir y resaltar el aporte de esos pocos privilegiados (¿?) a la gran cantidad de empleos que generan, como si su fortuna pudiera haberse logrado sin la contribución de sus trabajadores. Dejemos, por lo menos, como que tal “favor” es recíproco. Ciertamente hay una mezquindad que no se entiende, como tampoco (como es el caso de muchos) cuyo placer está en amasijar su riqueza, gozarla como el Tío Rico de Donald para llenar bóvedas de monedas sin siquiera aprovecharlas personalmente, transitando hasta miserablemente por este mundo. Los que creen en otro mundo, bien les vendría precisamente juntar bonos de solidaridad social para el póstumo respeto divino; los que no, más inentendible todavía.

Conocemos un ilustre millonario que edificó una enorme torre de aspecto fálico en Santiago seguramente sólo para enaltecer su vanidad, mientras, a la vez, tiene en el centro de  Talca un terreno baldío por años, por el que seguramente no paga los tributos debidos por el pecado de su desaprovechamiento, el “sueldo ético” que debiera exigirse a los bienes no explotados y a la codicia desmesurada.

Ojalá podamos alguna vez apreciar y celebrar algún giro, aunque leve, en este comportamiento tan enfermizo.

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