Un tiempo especial para la evangelización

23 Septiembre 2018   1636   Opinión   SERGIO RODRIGUEZ VARELA
Columnista Diario El Centro SERGIO RODRIGUEZ VARELA
SERGIO RODRIGUEZ VARELA

Consejo de Pastores.

En la historia de la iglesia encontramos muchos periodos difíciles que le ha tocado vivir y en cada uno de ellos han estado presentes las persecuciones, el encarcelamiento y la muerte de ciento de miles de cristianos que debieron ofrendar sus vidas por causa de su fe en Cristo. Para el cristiano el enfrentar dificultades como las descritas, no es algo sorpresivo, muy por el contrario por las escrituras sabemos a qué estamos expuestos (Mat 24:9; Luc. 21:12; Juan. 15:20), pues ya lo dijo Jesucristo Juan 16:33 “… En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido (subyugado) al mundo”.
Nuestro tiempo, el que nos ha tocado vivir, no está exento de lo anterior. Hoy no solo se ataca a la iglesia sino a la sociedad misma, al género humano. El pensamiento humanista de los políticos progresistas, es pos-modernista. Hoy, no solo se ridiculiza la fe, sino que no se aceptan los principios que Dios ha establecido y en los que históricamente se han desarrollado las civilizaciones de la humanidad. Es un mundo contradictorio, dicen defender la vida, no obstante matan a los más indefensos (a los por nacer). Un mundo en que forman otro tipo de familias y por otro lado fomenta el divorcio para disolver las tradicionales. Hoy se propaga ideologías perversas como la ideología de género que pone en peligro a las nuevas generaciones. Quienes promueven este pensamiento progresista pos-moderno, para ellos no existe una verdad absoluta, todo es relativo y con un cambio continuo de las normas. Pero al no haber una base moral sólida y estable, entonces la sociedad avanza hacia una anarquía y al desmoronamiento total de ella.
Nuestro tiempo, en el contexto de la historia no es nuevo, podríamos hacer un perfecto paralelo de lo que describen los historiadores y comentaristas del siglo XVIII respecto a Inglaterra, ellos dicen: “la nación estaba al borde de la desintegración moral. Los vicios de la época eran obvios a todo el mundo; el descaro era uno de ellos. El Primer Ministro de aquel entonces vivía en adulterio abierto. Así le daba un mísero ejemplo a la familia y a la juventud de su día…el teatro estaba totalmente falto de pudor; la literatura era de tinte pornográfico, el alcoholismo reinaba y los juegos de azar empobrecían a los obreros, “La sociedad en esos días era un vasto casino”, escribía el historiador Trevelyan. Las estadísticas de los crímenes y la violencia escalaban alarmantemente; las prisiones estaban recargadas de reclusos, y pandillas juveniles rondaban por las calles de las ciudades asaltando a ciudadanos indefensos”. Otro comenta “¿Por qué tal decadencia moral y social? Inglaterra había tenido su oportunidad espiritual, pero se había tornado cínica, indiferente, escéptica a Dios y a la Biblia”.
Lo anterior es un fiel retrato de nuestro tiempo. Hoy las hordas motivadas por satanas se mueven presurosamente destruyendo la vida de cientos miles de seres humanos sin Cristo y condenados al infierno. Sin dudas, la decadencia moral de la sociedad, nos da un tiempo especial para la evangelización, así como en Inglaterra se levantó un Juan Wesley que junto a su hermano Carlos, pregonaron el verdadero evangelio, el del arrepentimiento. Así también la iglesia de este tiempo debe levantarse en el poder del Espíritu Santo, para lo cual es necesario dejar la entretención y asumir su compromiso con Cristo con una nueva evangelización fundada en la palabra. No debemos olvidar que la Iglesia prevalecerá aun en las puertas mismas del infierno. Dios nos ayude.