Lunes, 16 de Julio de 2018
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Opinión

Una periodista en la Academia

Abraham Santibáñez

Premio Nacional de Periodismo

El lunes pasado, en la ceremonia en la cual Patricia Stambuk se incorporó a la Academia Chilena de la Lengua, era imposible ignorar la trascendencia del momento. Así lo reconoció ella misma: “Es una hora solemne de un día que para mí será inolvidable. De una lista de honores para el espíritu, elijo, sin dudarlo, este nombramiento. Soy la primera periodista que se incorpora como miembro de número a la Academia Chilena de la Lengua en 130 años. Es un signo más del sello integrador y representativo de esta institución, de norte a sur, puesto que nací en Punta Arenas, a orillas del Estrecho de Magallanes, en la inigualable Patagonia, y vivo en Viña del Mar. Menciono mi origen porque los magallánicos estamos marcados a fuego por la naturaleza austral”.

Hizo referencia a su ancestro croata: a Chile “llegó mi padre, Andrés, a los 16 años. Era un día frío y ventoso, como tantos. Miró desde el barco la pequeña y desolada Punta Arenas de 1936 y lloró largamente, pero con gran talento levantó empresas, formó una familia y se sintió chileno”
En el público, en el Salón de Honor del Instituto de Chile, además de la presencia habitual en estos casos de parientes y amigos, estaba la embajadora de Croacia, Nives Malenica. También llegaron periodistas, escritores y profesores universitarios.
Pese a la inevitable solemnidad de la ocasión, Patricia hizo un notable discurso, titulado “Huellas de la pregunta en nuestra memoria cultural”. Además de apoyarlo en una notable investigación sobre periodismo, literatura y música popular, matizó sus palabras con citas cantadas. Explicó: “En las letras o desde las letras de las canciones se inquiere con mucha frecuencia sobre sentimientos amorosos, y en ese terreno, el bolero campea. Por qué no han de saber, que te amo vida mía/ Y qué hiciste del amor que me juraste y qué has hecho de los besos que te di/ Siempre que te pregunto, que cuándo, cómo y dónde, tú siempre me respondes, quizás, quizás, quizás.
“El tango rezonga: Donde estás corazón, no oigo tu palpitar/Te acordás hermano, ¡qué tiempos aquellos!
“Con similar desgarro de mujer desengañada, Violeta Parra grita cantando o canta gritando desde el folclor: Corazón maldito por qué palpitas, sí, por qué palpitas. Mas no solo de amor vive la mujer, y ella también proyecta su mensaje a lo social cuando protesta: Qué dirá el santo padre, que vive en Roma/que le están degollando a sus palomas”.
Al final, se impusieron en sus palabras, sus rasgos profesionales como comunicadora: “Grabada a fuego en la memoria esta fórmula de las siete preguntas (qué, quién, cuándo, cómo, por qué, dónde y cuánto), el redactor se aseguraría de cumplir con la inclusión en su crónica del contexto básico, es decir, las principales características del hecho. Muchas veces no es posible responder a las siete preguntas dentro del texto, porque no se trata de elucubrar un por qué o un cómo, pero el ejercicio sigue siendo práctico y eficaz, al menos en los inicios profesionales”.
El aplauso final de la concurrencia da fe del valor de este originalísimo trabajo que marcó adecuadamente el ingreso de la primera periodista al templo del cuidado del idioma. Y la primera que entra cantando.
Esperemos que no sea la única.

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