Valorar en el momento exacto

13 Diciembre 2018   1058   Opinión   Ervin Castillo A.
Columnista Diario El Centro Ervin Castillo A.
Ervin Castillo A.

Fundación Talca

A pesar de la veintena de campañas políticas por parte de las corrientes más a la izquierda del espectro público chileno en cuanto a desprestigiar en materia institucional la situación del país, para nadie resulta un misterio que, pese al conjunto de problemáticas aún pendientes en nuestra sociedad, la realidad de Chile mirada en comparación a sus vecinos, resulta estar muy por sobre el resto. Que hay problemas y escándalos de corrupción, los hay, o las urgencias endémicas en materia de salud pública, también. ¿Cómo negarlas? Imposible. Para eso surge la política, para hacer frente a las adversidades en la ruta. Hay que ir por éstas, no caben dos lecturas al respecto.
Esto mirado en perspectiva regional, tomando situaciones de países grandes, que en otrora gozaron de grandes tiempos, Chile resulta ser un país con desafíos interesantes de cara al futuro. La pobreza ha disminuido, la educación ha aumentado de manera gigantesca su cobertura y acceso, y los sectores medios son cada vez más pujantes, con nuevas demandas, pero sobre todo con nuevos sueños.
Hace unos días, tuve la oportunidad de recorrer nuevamente Argentina, y en su capital Buenos Aires, pudimos constatar, una vez más, sus severos problemas con la corrupción, con la pobreza, y ciertamente, con una cultura en que los ciudadanos se han acostumbrado a sostener que “las instituciones no funcionan”, y que el país completo es un desorden. Lo anterior, no obstante, las inmensas riquezas de origen y recursos con las que siempre supieron contar.
La institucionalización de la corrupción como el gran y casi único mecanismo para desplazarse en suelos trasandinos, es una realidad que llegó para quedarse hace no pocos años, y bastará según los entendidos, muchos años para poder frenar esa situación, trayendo consigo consecuencias directas en el corto y mediano plazo, como las cuestiones en materia de economía que ya aquejan a la población argentina. Estos dilemas, los vemos por cierto en el grueso de los demás países de la Región. Un Bolivia estancado por un gobierno populista y autoritario que pretende seguir perpetuándose en el poder, inclusive caminando en contra de lo dispuesto por su propio ordenamiento constitucional. En Brasil la corrupción es pan de cada día, y en Venezuela, mejor ni hablar, solo por analizar algunos países.
Ahora bien, lo anterior no es esgrimido para justificar las falencias existentes en diversas políticas públicas acarreadas por décadas en el país, sino más bien para asumir con responsabilidad el desafío de ir hacia las respuestas a estas nuevas preguntas planteadas por las distintas comunidades a lo largo y ancho del territorio.
Abordarlas integralmente, con una economía, modelo político, y un gobierno de turno que sean capaces de comprender, que se debe crecer y buscar el desarrollo del país, con un estado en su tamaño necesario, con la sociedad civil en primera fila, y con los más desposeídos y los sectores medios en el corazón de nuestras ocupaciones y vocaciones, son parte de las metas a cumplir.
Valoremos en el momento exacto lo que hemos construido, así, los lamentos no serán tan tardíos, y el país no se habrá acabado. Aprendamos de lo ajeno, no cometamos los mismos errores, ni menos, intentemos obviar aquello que más allá de las ideologías, todos estamos viendo.