“Vayan, anuncien la Buena Noticia” Ascensión del Señor. Marcos 16, 15-20.

13 Mayo 2018   954   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo: Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. En que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán. Después de decirles esto, el Señor fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban”.
Estamos en los días en los cuales los obispos chilenos están en Roma para dialogar con el Papa la situación que afecta a la Iglesia chilena y para discernir los caminos que deben emprender para restaurar las confianzas y poder ser una institución que de verdad oriente y cuide la espiritualidad de una nación que no puede construirse solamente con edificios, carreteras y puentes; un país debe tener una fuerte base valórica que sostenga todas las medidas concretas.
Y cuando se habla de valórica no se refiere a lo sexual, aborto, etc.; esa ha sido una reducción de los medios de comunicación (con perdón de este mismo). Lo valórico es algo que abarca a todo lo que realiza la persona humana ya que de su acción brotan sentidos diversos y valiosos, porque de ellos brotan su compromiso con lo social, con lo artístico, lo científico, lo laboral, lo recreativo, etc., un sin número de actividades con las cuales algo decimos de nosotros mismos, de lo que somos, lo que creemos, lo que necesitamos.
La Solemnidad de la Ascensión del Señor nos remite a poder soñar algo que está más allá y que es posible de alcanzar. Como nos recuerda don Quijote: “con fe lo imposible soñar…”, el cielo no es un lugar determinado del espacio, ni reserva de algún terrenito en la tierra, es más bien un estado de perfección y bienestar, en el cual Jesús está para acompañar a los hombres y mujeres del mundo.
De esa manera los va asociando mucho más a su vocación de ser Hijo de Dios, el que entra en comunión con el Padre porque cree en él y da testimonio de lo que él es: Amor, como lo reflexionamos la semana pasada. Una vida que tiende hacia el cielo es aquella que día a día se la juega porque se viva entre las personas del mundo y también con la naturaleza una relación de armonía, de comunión porque sabe que todo el universo converge hacia un punto único.
Los amigos de Jesús se constituyen en amigos de los hombres y quieren que todos puedan gustar de ese beneficio, es por eso la tarea misionera, el nuevo ardor y los nuevos métodos, los puntos de encuentro que nos ha dicho la Conferencia de Aparecida: palabra, eucaristía, los pobres, etc.; porque la vida así “gastada” sabe que recibirá en herencia habitar en el reino, en el cielo.
De ahí también surge la preocupación por el buen testimonio de toda la Iglesia incluidos los pastores, para que todos crean y anhelen el Reino que se empieza a construir aquí en la tierra.