¡Ven, Espíritu Santo, ven a iluminar! Domingo de Pentecostés. Juan 20, 19-23.

20 Mayo 2018   1108   Opinión   P. Luis Alarcón Escárate
Columnista Diario El Centro P. Luis Alarcón Escárate
P. Luis Alarcón Escárate

Vicario de Pastoral Social Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

“Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ‘¡La paz esté con ustedes!’. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ‘¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes’. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: ‘Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan’”.
Esta fiesta de Pentecostés es un gran acontecimiento para la Iglesia ya que marca su inicio como institución. Seguramente hay muchas personas que cuestionan si Jesús pensó una estructura como la que hoy vemos y que es tan criticada. De hecho, nuestros obispos estuvieron en una reunión con el mismo Papa Francisco para discernir juntos los caminos que se deben recorrer para provocar los cambios que se hacen urgentes para restablecer las confianzas y para que vuelva a ser la Madre que muestra a los hijos por donde se debe caminar y para que esos hijos encuentren en ella el cariño, la acogida y el estímulo para crecer y perseverar en la fe en nuestro país, que es el de mayor laicidad en el continente sudamericano junto con Uruguay.
La mejor noticia que recibimos en este día es la venida del Espíritu. Es la tercera persona de la Trinidad. Según nuestro sínodo diocesano, es el Espíritu Santo quien manda en la Iglesia, por lo que fieles y pastores animados por la palabra de Dios, incluido el Papa Francisco, nos ordena lo que debemos mejorar. De ahí entonces la oración y la reflexión, para que no caigamos únicamente en los sentimientos y los deseos personales porque podemos equivocarnos profundamente y podemos ser ahora los que cometemos los errores que antes otros cometieron. Y de ahí también que, según mi parecer, no se le puede dejar toda la responsabilidad al Papa: “que él decida”; como hemos escuchado todos estos días. Como si él fuera el jefe de un gobierno o estado como todos los demás. Y es bueno recordar que es el Vicario de Cristo. Y lo representa en un lugar, institución, que es llevado adelante por personas; es humana, pero de inspiración divina. Por lo tanto, lo primero, como ya lo recordamos la semana anterior: nos cabe la oración y el compromiso personal por vivir lo que cada uno cree porque ha sido llamado por Jesús.
El Espíritu Santo ayudará a que seamos fieles, a dar respiro y aire nuevo a todo lo que Jesús nos enseñó en su visita a la tierra. Para que lo escuchemos y lo llevemos a la práctica como si recién hubiesen sido pronunciadas sus palabras.
Nuestra oración de este tiempo será pedir los siete Dones del Espíritu que son la Inteligencia, la Sabiduría, la Templanza, la Ciencia, el Consejo, la Fortaleza, la Piedad y el Temor de Dios. Que cada uno de estos dones lo reciban los miembros de la Iglesia que son agentes pastorales y los que viven su fe en los hogares, en la religiosidad popular, en los servicios de la jerarquía, para que hagamos presente la vida de Jesucristo en la alegría, la acogida, la confianza, la verdad.