Venezuela y la Guerra Fría 2.0

17 Septiembre 2018   1216   Opinión   Juan Carlos Pérez
Columnista Diario El Centro Juan Carlos Pérez
Juan Carlos Pérez

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

A veces el ruido de la contingencia no nos permite distinguir lo trascendente de aquello apenas fugaz. Así ha ocurrido con la visita que Nicolás Maduro, el dictador venezolano, ha realizado recientemente a China.

Ya comenté, hace algunos meses, que la estrategia de acercamiento chino hacia Latinoamérica es una política en serio. Tanto, que la potencia oriental está dispuesta a sacrificar (más bien invertir) miles de millones de dólares en un saco sin fondo como es hoy la economía venezolana. Así, China ha otorgado ingentes préstamos al país caribeño, sobre US$50.000 millones, que este último devuelve con petróleo y con una cada vez mayor injerencia china en la administración de su industria petrolera. Hoy sabemos que Venezuela aún adeuda a China nada menos que US$20.000 millones y que, tras su reciente visita, Maduro consiguió otros US$5.000 millones de dinero fresco, para sostener su colapsada economía.
¿Servirán para algo esos cinco mil millones de dólares? Para levantar de nuevo la economía venezolana, ese dinero es completamente insuficiente. El daño que el régimen bolivariano ha causado es demasiado profundo, estructural, como para que la inyección de una cifra así pueda remediarlo. Entonces ¿para qué servirán esos millones? Probablemente para sostener la política de subsidios, mantener tranquilas a las fuerzas armadas y, por cierto, engrosar ciertas cuentas secretas en el extranjero.
¿Y lo anterior, China lo sabe? Por cierto que sí. Sumas como las citadas no se entregan sin haber hecho una investigación acuciosa de quienes las recibirán, así como un análisis del contexto en que la transacción se realiza.
Entonces, ¿por qué China entrega esas enormes cifras para sostener un gobierno colapsado? Porque ese dinero no sólo está comprando petróleo y pozos petrolíferos. Esas enormes cifras se están invirtiendo en algo mucho más fundamental: influencia, predominio y, finalmente subordinación, del país con las mayores reservas de crudo en el mundo. Con ese dinero China logra un abastecimiento energético seguro por muchas décadas, mientras hace la conversión de su inmenso sistema industrial hacia otro tipo de energías.
Por otra parte, y no menos trascendental: con esta dependencia, verdadera sujeción venezolana a los recursos que le envíe China, el país oriental se asegura una base sólida en América Latina, región que es, desde hace una década, su principal foco de interés, por los enormes recursos naturales que posee, por el mercado consumidor que significa su población y, no olvidemos, por situarse a poca distancia de Estados Unidos, principal rival chino en la estrategia de predominio mundial.
Es interesante observar lo anterior en una perspectiva histórica. Y descubrir cómo, a menudo, la historia vuelve a repetirse. Maduro hoy, con estas acciones, repite lo que su mentor, Fidel Castro, hizo hace más de cinco décadas: arrimarse a la URSS, que alimentaba y sostenía la economía cubana, a cambio de convertirse en un peón de aquella Guerra Fría, que pareciera estamos volviendo a repetir en su versión 2.0.

* Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.