Víctimas del Whatsapp

24 Noviembre 2018   1135   Opinión   Abraham Santibáñez
Columnista Diario El Centro Abraham Santibáñez
Abraham Santibáñez

Secretario General Instituto de Chile

En agosto fueron dos muertos en México. Hace unos días, se sumaron otros dos muertos en Colombia. Los casos se multiplican en todo el mundo. Es una “epidemia” que nadie previó y que parece difícil de controlar. Son las víctimas de WhatsApp y las redes sociales manejadas irresponsablemente. 

Desde siempre, una mezcla de temor y admiración marca la relación de los humanos con nuevos productos tecnológicos. Es lo que está pasando con WhatsApp. Según sus creadores, “más de mil millones de personas en más de 180 países usan WhatsApp para mantenerse en contacto con amigos y familiares, en cualquier momento y lugar… ofrece mensajería y llamadas de una forma simple, segura y confiable, y está disponible en teléfonos alrededor mundo”.
Así es.
En Chile, según un estudio de interacción digital de WeAreSocial, el 78 por ciento de las personas utiliza internet (total: 14,8 millones). “Podríamos decir, se afirma en este informe, que casi todos los que usamos internet somos activos en redes sociales”. Conforme a las estadísticas de redes sociales en Chile, WhatsApp es la más usada, con un 83 por ciento del total de la población, mientras que Facebook queda en segundo lugar.
WhatsApp fue fundada por Jan Koum y Brian Acton. Aunque se unió a Facebook en el 2014, continúa operando como una aplicación independiente “enfocada en construir un servicio de mensajería rápido y confiable en cualquier parte del mundo”.
No cabe duda de que, aunque formalmente es un servicio gratuito, se trata de un gran negocio. Tampoco cabe duda de que el entusiasmo de los usuarios es enorme.
¿Por qué entonces cabe insistir en que en medio de tantas maravillas pueden surgir problemas?
Un par de ejemplos:
*En Colombia, según la Agencia Uno, un sujeto, no identificado falleció cuando un grupo “que superaba las 150 personas” lo atacó a él y a otros seis individuos señalados de “ser responsables de la desaparición o rapto de menores”. Según El Espectador, fue asesinado por una turba que lo linchó tras acusarlo, a partir de una información falsa distribuida por WhatsApp, de ser parte de una banda delictual que secuestraba niños en el sur de Bogotá. *En un caso con características parecidas, a miles de kilómetros de distancia, en México, dos hombres fueron linchados el 29 de agosto en Acatlán, estado de Puebla. Una multitud descontrolada golpeó e incineró a Ricardo Flores, estudiante de Derecho, y a su tío Alberto Flores, granjero.
Todo partió por un mensaje de WhatsApp, que advertía a los vecinos: “Por favor, todos estén alertas porque una plaga de secuestradores de niños entró en el país. Al parecer, estos secuestradores están involucrados en el tráfico de órganos”. Para más detalles se agregaba que se había encontrado de los cadáveres de niños “de 4, 8 y 14 años”, los cuales habían sido muertos para sacarles órganos para trasplantes.
Como resultado de la conmoción, sin que hubiese prueba alguna en su contra, el tío y el sobrino fueron detenidos y una multitud enardecida los sacó de la cárcel. Según el análisis de la BBC, fueron golpeados y rociados con combustible. Los espectadores grababan la escena con sus celulares.
“Las columnas de humo se podían ver desde cualquier parte del pueblo”, dijo Carlos Fuentes, un taxista.
No necesitaba, claro, usar el WhatsApp o la cámara de su celular.