Violencia en Argentina

29 Noviembre 2018   1415   Opinión   Ervin Castillo Arancibia
Columnista Diario El Centro
Ervin Castillo Arancibia

Fundación Talca

En relación a los lamentables hechos de violencia acontecidos en Buenos Aires el reciente fin de semana, y que dieron cuenta una vez más del recrudecimiento de los niveles de violencia y odio que se expresan en diferentes áreas de nuestra sociedad y que, por cierto, no son situaciones ajenas a Chile, es que me permito desde ya escribir algunas consideraciones sobre la violencia y otras materias, que son de especial relevancia en los tiempos que vivimos.
Como no, corresponde condenar en primer término, todo acto de violencia que se pueda expresar en un área, ya sea en el deporte, en la política, en los mismos hechos delictuales o en el contexto de una relación social cualquiera que no pueda establecerse adecuadamente por el flagelo de la fuerza física o moral que se ejerza. Las piedras lanzadas por hinchas del club River Plate en contra del bus que trasladaba a los jugadores de Boca Juniors, no es un hecho aislado como algunos en el país hermano han querido venir a decir, si no, supone un comportamiento reiterativo, no propio de Sudamérica tampoco. Esto, a propósito de los hechos de esta semana en donde en Europa, más precisamente en Atenas, hinchas del equipo local AEK y el Ajax de Holanda, se enfrentaron en una descomunal gresca, incluso de proporciones mayores a lo visto en la capital federal del país trasandino.
La violencia, de un tiempo a esta parte, ha venido a quedarse como componente de nuestras vidas. Desde sus distintas vertientes y grados, parece estar tristemente presente en nuestras vidas. En cada reacción, en las ofuscaciones diarias por las metas no cumplidas, en la terminología misma que se suele emplear en consideración al que está al lado, o muy sencillamente, como una forma de expresar nuestra animadversión en contra de una persona, de una idea o de una institución.
Ocurre, de manera irrisoria, un comportamiento elaborado de diversos entes, que queriendo o no, muchas veces colaboran para que ésta no sea frenada a tiempo, para que se perpetue el desconocimiento en torno a los sujetos responsables, los que no alcanzan siquiera sanción alguna por hechos evidentes de violencia y en muchos casos también, por hechos abiertamente delictuales.
Qué duda cabe que vivimos en un mundo de ocupaciones, de desafíos, de cargas laborales extensas que hacen difícil la conciliación con la vida privada y con las relaciones personales básicas, y por ello, los niveles de irritación van creciendo, hasta escalas que simplemente pueden irse de las manos.
Para quienes detentan funciones públicas, no puede caber otra cosa que no sea la de la condena más férrea a este tipo de situaciones, pero también, el compromiso para avanzar decididamente en su combate, lo que supone tener carácter para levantar la voz y enfrentar a los culpables. Porque, no caben mayores vacilaciones en decir que, de la forma que se han enfrentado las cosas en instancias como Conmebol o en los mismos dirigentes de los clubes argentinos involucrados, las cosas no tendrán el vuelco que requieren, y probablemente, seguiremos conociendo de antecedentes como los aquí mencionados.
Todos en una misma cruzada en contra de la violencia. Así... ganamos todos.