Volver a creer

15 Diciembre 2018   954   Opinión   Diego Benavente M.
Columnista Diario El Centro Diego Benavente M.
Diego Benavente M.

Ingeniero civil, U. de Concepción

Los problemas complejos bien pueden representar grandes oportunidades si quienes tienen que enfrentarlos, lo hacen con un estado de ánimo y la disposición de poder generar soluciones atinadas y a la altura de los desafíos futuros que se deben enfrentar.
Al analizar las últimas encuestas de opinión, se ha podido comprobar que el descenso en la credibilidad de Carabineros durante este año ha sido muy relevante, producto de las graves irregularidades experimentadas. Todo lo cual bien podría servir para llevar a cabo una profunda reforma a la institución y que, además, pueda concitar el apoyo transversal de las distintas fuerzas políticas.
Es urgente y necesario, poder volver a creer en la labor policial y recuperar la confianza perdida en la institución. No hay tiempo que perder en solucionar este grave problema estructural por el que atraviesa Carabineros, el cual bien puede representar una especial oportunidad de migrar hacia una policía ciudadana 3.0. Durante el gobierno de Pinochet y junto con pasar a depender del Ministerio de Defensa, Carabineros en alguna medida se militarizó y esto, como es obvio, compitió con el perfil ciudadano y de cercanía de la que gozaban y que los caracterizaba desde antaño. En aquella época comenzaron incluso a desfilar junto a las FFAA en la Parada militar, involucrando todo un cambio que sumado a las distintas “nuevas labores” asociadas al régimen, sin duda los distanciaron de la ciudadanía.
Por otro lado, en el país el proceso de consolidación de la democracia a partir de la transición, con sus bemoles negociados, ha dejado en evidencia una serie de falencias de nuestra institucionalidad, en especial en la esfera militar y de seguridad. Aquí la complejidad y especificidad de los cambios requiere de poder abordarlos de una manera consensuada y trascendente, para que los resultados se puedan proyectar en el tiempo y no comprometan, por un lado, la calidad y disciplina históricas, y por otro, la capacidad disuasiva que tiene el país en el continente y que nos asegura la paz con nuestros vecinos.
La Araucanía ha estado y seguirá estando en la palestra pública y en ella llora a gritos una atención especializada y pertinente en materia de seguridad, sobre todo para aquellos que viven y trabajan en la ruralidad. Esto puede representar una oportunidad de acercar y vincular de manera más estrecha a este cuerpo policial con las comunidades que habitan en los distintos territorios.
Es conocida la inseguridad que sufren aquellos primeros afectados que viven en las comunidades que están amenazadas por la acción violenta de quienes se escudan en la causa mapuche para justificar sus fechorías y muchas veces para delinquir, lugares en los no entra ni el Censo. La mayoría de la comunidad está sometida a la ley del matón de turno, por lo tanto, mientras como país y sus servicios de seguridad, no se esté presente en estas realidades, la gente de campo seguirá sufriendo el desamparo del Estado.
Por qué no entonces, junto con tener las unidades operativas de fuerzas especiales y de inteligencia correspondientes, se pueda hacer un piloto que permita implementar una unidad de policía ciudadana rural, similar a la policía montada de Canadá, amigable y de cercanía con las comunidades, incluso la cual podría estar integrada también por muchos de los cuadros policiales de origen mapuche, lo que facilitaría la interacción y orgullo con la población de este origen. Está diciendo.