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Un hombre superior

Nombre del Periodista: Victoria Flores Monreal
Fecha de Edición: 24-09-2007

La historia reciente de Chile no se entiende sin la figura de un hombre, un talquino, que eligió la iglesia como estandarte de lucha ante los derechos humanos, la pobreza y el compromiso social y moral en la época más turbulenta de los últimos años
Para la mayoría 1907 es recordado como el año de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, ocasión en que cerca de 2000 obreros, mujeres y niños, que luchaban por reivindicaciones sociales, económicas y humanitarias, fueron asesinados por los militares durante el gobierno de Pedro Montt.
Ese mismo año, a 2 mil100 kilómetros de distancia, nace en la ciudad de Talca un hombre que cambiaría la conciencia social de la Iglesia y de nuestro país y que lucharía por estas mismas reivindicaciones. Raúl Silva Henríquez, el cardenal, nace el 27 de septiembre de aquel año, hijo de Ricardo Silva y Mercedes Henríquez, siendo el hijo número 16 en una familia de 19 hermanos.
Su obra, visión y pensamiento es conocido y reconocido a nivel mundial, principalmente por su promoción social, su defensa de la justicia y los derechos humanos, y por hacer de Chile un país más humano. Llamado “El Cardenal de los Pobres” cumple una labor fundamental en la dura época de la dictadura, tomando la “Justicia Social” como su emblema de vida.
Su muerte, el 9 de abril de 1999, pocos meses antes de cumplir los 92 años, es recordada por muchos; el pueblo en forma espontánea gritaba al paso del cortejo “Raúl, amigo, el pueblo está contigo”.

Hijo Ilustre
Con cerca de tres mil firmas de vecinos talquinos, el Concejo Municipal de Talca acogió el pedido de la Comisión Centenario del Natalicio de este hombre y aprobó la moción de declarar Hijo Ilustre de la ciudad al Cardenal Raúl Silva Henríquez.
Froilán Muñoz, ex alumno Salesiano y presidente de la Comisión Natalicio comenta: “Esta comisión nace el 2004 con un proyecto muy ambicioso. Queríamos generar una serie de actividades que conmemoraran la figura y obra del Cardenal en su ciudad natal. Es así como desarrollamos un programa que incluía actividades con jóvenes, trabajadores campesinos, estudiantes, y la comunidad. (ver recuadro)”.
“A través de estas actividades, más una campaña que contempla afiches y fotografías, queremos que la gente descubra la esencia de la vida y obra de este hombre y que sientan que su huella, es un legado para compartir”, agrega.
Dentro de las numerosas actividades de celebración resalta la colocación de la primera piedra en la plazoleta dedicada al Cardenal, ubicada en 2 Sur 1 Poniente, y el cambio en el nombre de esta misma calle que pasará a llamarse “1 Poniente Cardenal Raúl Silva Henríquez”.
El ultimo y más emblemático objetivo de esta comisión, es que la figura del cardenal llegue a la categoría de Santo.

Su Infancia en el Maule
Raúl Silva Henríquez nace en Talca, en la calle Uno poniente, número 180, a la altura de la Dos sur. Al segundo día fue bautizado en la Iglesia San Agustín. Según referencias bibliográficas, su paso por la región del Maule queda claramente descrito en la obra de Oscar Pinochet de la Barra, “El Cardenal Silva Henríquez. Luchador por la paz”
“Raulito inicia sus estudios en un colegio recién fundado en Talca por los Hermanos de las Escuelas Cristianas, de San Juan Bautista de la Salle. Es el año 1914 y en ese establecimiento permanecerá hasta 1920. Es la época de la Primera Guerra Mundial.
A esos estudios iniciales, que entonces se llaman Preparatorias, agregará el 1º y el 2° curso de Humanidades….Raulito está interno. Los fines de semana podría salir donde sus tías, pero son gente de edad, aburridas, y él prefiere quedarse en el “Blanco”, como llaman al colegio, jugando “pichangas” de fútbol o ir de excursión con sus compañeros al otro lado del río Claro, al cerro de la Virgen. Una inquietud comienza a hincar su raíz en esa alma bien dispuesta para el servicio de Dios: la inquietud religiosa.”
De su padre, Ricardo Silva Silva, recibe su primera formación en el campo social. Según palabras del Cardenal “…era un hombre enérgico, emprendedor, demócrata, que arriesgó la vida luchando por sus ideales…”. De el recibió como herencia el amor por la libertad, su coraje y la firmeza de sus principios, ideales compartidos por su numerosa familia.
Posteriormente continuó sus estudios en Santiago, recibiéndose de abogado en 1929, para luego comenzar una prominente carrera eclesiástica.
En 1959 es nombrado Obispo de Valparaíso, asumiendo como lema de su episcopado “Charitas Christi Urgen nos” (“La caridad de Cristo nos urge”). En 1961, es trasladado a Santiago como Arzobispo y en 1962 es nombrado Cardenal. El segundo Cardenal chileno.
Fue siempre un pastor muy cercano a los más débiles y necesitados, llegando a ser la “voz de los sin voz”.
A pesar de la distancia, su relación con Talca fue muy cercana. Su preocupación por los pobres y, en especial, por los campesinos, debe mucho a la influencia de otro gran hombre con el que le tocó compartir sus anhelos y una enorme amistad: el Obispo Manuel Larraín, quien fuera pionero en crear conciencia respecto de las condiciones de vida de los campesinos.

Los problemas del mundo
Para Horacio Hernández, Bachiller en Ciencias Religiosas y candidato a Doctor en Filosofía, actual Director del Instituto de Estudios Generales de la Universidad Católica del Maule, uno de los aspectos relevantes de la personalidad del Cardenal, fue su capacidad de desenvolverse en la coyuntura, en una situación política, social y económica muy compleja: “Lo que vi en él fue su percepción, su modo de instalación en la circunstancia, por sobre la media. Un modo de captar los problemas por sobre el común de la gente. Muchas veces ni sus propios colaboradores eran capaces de seguir su visión. Es la experiencia de estar frente a alguien superior. Superior en la fe, en inteligencia, en el modo de comprender y de vibrar con la vida”.
“Al mismo tiempo también era un hombre que sabía sacar consecuencias prácticas. Era un hombre de acción. Llamaba la atención su audacia, su coraje, su capacidad de comprometerse en el riesgo. La suya era lucidez, el autocomprenderse como pastor, por ejemplo, frente al quiebre de la democracia, más allá de interpretaciones políticas, en él era coherencia evangélica”, acota.
Horacio Hernández tuvo la oportunidad de conocerlo y compartir con él cerca de siete años, en una etapa de su formación académica. “Mi experiencia fue la de estar frente a un hombre superior. Su lugar en nuestra memoria lo ha ganado no solo por lo político, sino porque era superior. Entrar en la circunstancia y abrir caminos por lugares que nadie imaginaba, arriesgando incluso su propia integridad.”
Agrega que “en otro sentido, su personalidad era de contrapuntos, por un lado un hombre muy simpático y anecdótico, con una picardía y una cosa huasa frente al círculo pequeño, pero también frente a una asamblea, por otro podía llegar a ser muy parco, algo desconcertante”.
“En una prédica –sostiene- era un gigante, tenía un modo muy especial de construir la palabra un hombre de iglesia y un hombre del tiempo. Instalado en los problemas del mundo”
Con respecto a la vigencia de su figura, Hernández comenta que “fue el obispo que acercó la Iglesia chilena con el mundo de la pobreza, su vida es un testimonio de coherencia y consecuencia. Mostró un camino a la vida clerical, al clero, al pueblo de Dios. El suyo fue un tipo de sacerdocio, de ministerio comprometido. En definitiva el contribuyó al cambio de imagen de la iglesia en Chile, y la historia de esta iglesia no se comprende sin la figura del Cardenal”
El mundo y Chile lo han entendido así. Es la gente quien proclama su nombre en caso de afección o necesidad, su presencia esta en los recuerdos de tantos que acudieron a él como única ayuda posible. Caritas Chile, La Vicaría de la Solidaridad, Instituto de Promoción Agraria, Fundación Invica son algunas de las obras que fundó y que hoy son un referente imprescindible de la historia del país.
Talca también lo ha entendido así y aunque no todos estén siempre de acuerdo, una plaza y una calle llevarán su nombre.
 
 
 

 

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-Sí, ha sido loable el esfuerzo del Gobierno en el marco de la tremenda catástrofe que afectó a medio Chile.
-No, porque llega a sectores específico, pero hay muchos que aún no reciben alimentos ni abrigo.
   
 
 
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