Ana Retamal es abogada de la Universidad de Talca y especialista en Derecho de Familia, además de columnista de El Centro. Sus temas de interés son variados pues, en este artículo, escribe sobre el cambio climático como un problema vigente y de urgencia.

Crisis climática
Siempre pensamos en disfrutar la vida, en vivir cada instante como un momento único, en encontrar paz y tranquilidad sumergidos en la simpleza de la vida, tal como contemplar la naturaleza… ese cielo inmenso, a veces azul intenso y otras de tono gris.
Al vivir día a día, todo se vuelve monótono, pensamos que el planeta es eterno y no medimos las consecuencias de nuestro actuar, ¿será posible que el propio ser humano destruya el planeta? Estamos de paso en este mundo: nacer, crecer, en ocasiones reproducirse y lo inevitable… ¡Morir! Pero… ¿hacemos alguna acción favorable para las futuras generaciones? Es realmente problemática la alerta ambiental, el cambio climático, la contaminación, la megasequía, los incendios, derretimiento de hielos y un sinfín de fenómenos naturales que influyen de manera decisiva en nuestra calidad de vida.
En cada decisión, no existe un sólo camino, sino un abanico de posibilidades, aprovecho este espacio para reflexionar y promover el cambio; contribuir a mejorar nuestro entorno efectuando las siguientes acciones: consumo reducido de agua, reutilizar, reciclar, preferir la utilización de energías renovables, entre otras.
Educación
Sin lugar a dudas, la educación siempre será una herramienta para transformar el mundo, necesitamos informarnos sobre la crisis climática que atraviesa nuestro planeta, tener conciencia de cómo nuestros actos influyen en el aumento o reducción de la temperatura, en la emisión de gases de efecto invernadero. Necesitamos respuesta de los diversos actores públicos y del compromiso de la ciudadanía para mitigar el cambio climático.
Debemos comprender la relevancia de la destrucción de nuestro entorno, y que, por mínimo que sea nuestro aporte para mejorar dicha situación, si todos nos comprometemos, se podría mejorar nuestra estadía en la tierra y por sobre todo la calidad del aire y del clima, adaptándonos a un modelo de desarrollo sostenible que revolucione nuestra vida.
Cuando niña, no comprendía por qué otros niños arrojaban envolturas de golosinas en las calles y me he dado cuenta, de la poca cultura que se tiene respecto a guardar la basura y posteriormente, botarla en el lugar indicado, es más rápido deshacerse inmediatamente de un papel. Hoy, he podido apreciar que los adultos deben enseñar hábitos a los más pequeños, si un padre mientras va caminando arroja un papel en la calle o mientras conduce un automóvil lo bota por la ventana, lo más probable es que su hijo replique esta conducta.
Nuestras acciones van más allá del impacto ambiental, repercuten en el ámbito económico y social, detrás de una persona que bota un papel hay otra que lo recoge.
Es evidente, que constantemente tenemos vivencias relacionadas en este ámbito desde cuando pelamos una fruta o verdura y vemos qué hacer con la cáscara e incluso nuestro país, que lidera el consumo de vestuario y calzado, en donde para fabricar una prenda de ropa se necesitan muchos litros de agua y cuando compramos un jeans ¿reflexionamos sobre cómo se confeccionó ese producto? Seguramente no. Entonces es realmente imperiosa la necesidad de disminuir el impacto ambiental con cada muestra de cariño hacia nuestro planeta, hacia nosotros mismos.
Por Ana Elena Retamal Sierra
Abogada de la Universidad de Talca y Diplomada en Derecho de Familia, del Instituto de Estudios Judiciales “Hernán Correa de la Cerda”.





